"LAS GRANDES PASIONES SON ENFERMEDADES INCURABLES"
-Goethe

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lunes, 19 de mayo de 2025

Camille, de Pierre Lemaitre

 

Bibliometro #106. Bien, luego de Alex y de Rosy & John, llega Camille, la cuarta novela de la saga protagonizada por el comisario Camille Verhoeven. Ha sido un verdadero placer adentrarse en esta saga, muy refrescante, muy revitalizador si es que de repente te vas topando con lecturas algo cansinas, una saga de novelas negras atípicas, novelas negras con giros bien ingeniosos y retorcidos, novelas negras escritas por un escritor que aborda los códigos del género verdaderamente desde lo literario y no desde lo canónico, hemos visto que cada propuesta se estructura a partir de premisas y características del noir o policial, pero revistiéndolos de una honda oscuridad y de propuestas estilísticas bien estimulantes, enriquecidos con un dejo irónico que los eleva por sobre la media. Camille, la cuarta novela decíamos, si bien no es la mejor novela de la saga, si bien tiene un poco de esa calculada y convencional imperfección con que Lemaitre juega con fuego, sí es un excelente cierre, casi un broche de oro, a la altura del espíritu salvaje y mordaz de la serie. Pero mejor entremos un poco más en detalle a continuación, vamos.


Camille es otra retorcidísima novela negra de Pierre Lemaitre en la que este ingenioso y creativo autor es capaz de subvertir los lugares comunes del género, en cierta forma para volverlos del revés, para hacerte reconsiderar todo lo que hasta cierto punto dabas por sentado y sorprenderte con endiablados giros argumentales plenamente coherentes, convincentes y creíbles, que revelación tras revelación van conformando un ritmo frenético, imparable, como un tren sin frenos, apabullante a su paso.
Sin embargo, para ello, Lemaitre vuelve a proponer un arriesgado juego que, luego de unas primeras diez páginas consciente y deliberadamente despistantes (¿existe esa palabra cierto?), diez páginas que si alguien dice que son algo tendenciosas y engañosas no le corregiré porque es cierto (te hace pensar cosas que no son tales y no entiendo aún muy bien para qué o por qué lo hace...), nos sumerge en una trama que sigue, punto por punto, cada paso, cada etapa, cada lugar común que exige su argumento, el argumento del último caso en que seguiremos al comisario Camille Verhoeven: el asalto a una joyería cometido por tres criminales que, por alguna razón, se ensañan con una transeúnte que iba pasando por ahí, mal momento mal lugar, una transeúnte que resulta ser la actual pareja del comisario, una transeúnte que sobrevive con la cara desfigurada y el cuerpo amoratado, trizado y golpeado, a duras penas manteniéndose consciente. Siendo algo prácticamente personal, el comisario Verhoeven se toma como misión capturar a los tres asaltantes, a pesar de que el robo fue virtualmente perfecto y la implicación de su pareja fue terrible casualidad, uno de esos crueles azares de la vida. Y ante lo difícil del caso, quizás el comisario Verhoeven se saque algunos trucos de bajo la manga que sean, digamos, moral y éticamente cuestionables, ¿poniendo en peligro su carrera policial para poder vengar a su pareja, tan insensatamente maltratada?
Como novedad, debemos mencionar que, aparte de la narración omnisciente en tercera persona que caracteriza las cuatro novelas de la saga, en esta novela en particular tenemos intercalados algunos capítulos narrados en primera persona por el antagonista, el desconocido líder de los asaltantes, que luego del asalto se dedica a llevar a cabo un montón de intrigantes tareas sin que sepamos quién es ni qué demonios planea, pero dejando instalada la certeza de que hay gato encerrado, de que nada es lo que parece y de que, quizás, el azar no existe del todo, es decir, de que no haya esperanza alguna para nadie: todos bailan a la música colocada por aquel que sabe más que tú, que uno. De esta manera, lo que en su primer tercio parece un caso bastante rutinario y convencional (porque lo es, Lemaitre es consciente de eso y se lanza con todo a esa seguidilla de lugares comunes), poco a poco, amén de la contraposición y acusada contradicción entre los capítulos narrados por el antagonista y los otros en donde se nos cuentan los esfuerzos de Camille Verhoeven por atrapar a los asaltantes, cuyas informaciones contrapuestas pueden darte un quebradero de cabeza si no vas preparado para cuestionarlo todo, vamos vislumbrando la verdadera naturaleza, abismante y bastante terrorífica, de todo el enredo este: los puntos comienzan a conectarse, las aparentes lagunas o contradicciones se aclaran y armonizan con el cuerpo central del relato, las ambigüedades se cristalizan en nítidos y afilados contornos, los lugares comunes se revelan como cajas con fondo falso que por fin desencajamos para atisbar en lo que debía permanecer escondido, y lo más genial es que mientras más se aclara todo, mientras más y mejor encajan las piezas, más retorcido y diabólico se revela todo, porque la verdadera forma de esta historia, la forma de su verdad, es una acentuada espiral, una espiral descendente hacia el infierno definitivo de Camille Verhoeven: el de sus miedos y soledades más profundas e incendiarias.
Eso sí, debo decir que la identidad del antagonista no resulta muy impactante (aunque la revelación en sí resulta sorprendente, que no es lo mismo por favor) y el clímax del relato, el encuentro final, queda con algo de gusto a poco, sobre todo por la brutal escalada de nervios y ansias que uno iba sintiendo mientras se adentraba en las entrañas de esa retorcida espiral argumental y que luego, ahí al final, queda como refrenado, sin embargo, qué puedo decir, la trama de esta novela final es perfecta e ideal no sólo en lo que respecta al espíritu literario/narrativo/estilístico de esta saga (el de abordar con respetuosos y sangrientos ingenio e ironía los códigos y claves de la novela negra más reconocible) sino que, sobre todo, en lo relacionado al argumento y a su protagonista, a su sino trágico, a sus talento policial maldito, a sus casos anti-redentores, a sus búsquedas/carreras desesperadas y devastadoras que siempre lo empujaban cada vez más cerca del abismo, como condenado a la oscuridad más absoluta, más desgarradora, más desintegradora: de verdad no hay esperanza para ti, Camille, pareces llevar la muerte contigo a todas partes, como una enfermedad de la que eres inevitablemente inmune pero no los seres que quieres proteger.
A pesar de todos sus pros y sus deliberados/conscientes/asumidos contras (que en cierto modo también son sus pros), les recomiendo un montón la saga de Camille Verhoeven, compuesta por Irène, Alex, Rosy & John y Camille. Son historias oscuras, violentas, retorcidas (imposible no seguir repitiendo esta palabra, es la que mejor define esta propuesta), pero también ingeniosas, irónicas y muy sorprendentes, imposible es quedarse indiferente ante lo que se lee, además Pierre Lemaitre escribe, ya lo dije la otra vez, con mucha personalidad, no necesariamente genial o magistral, pero sin duda escribe con peso, sus palabras son capaces de rasgar la retina, de trascender el papel, de crear imágenes, de provocar sensaciones, de golpearte y por momentos aturdirte, hacerte sentir mal, deshecho, descorazonado, tal es la potente amalgama entre sus tramas, su estilo y sus decisiones narrativas. He quedado profundamente interesado por la obra de este autor, así que espero poder encontrar algo más de él en otras bibliotecas, porque la saga Verhoeven es todo lo que Bibliometro tiene de él.
Por mi parte, reitero por última vez: lean sin miedo esta saga, es una lectura imperdible. Y vayan preparados, porque hasta a mí, que tengo estómago, por momentos ciertas enfermizas y extremas escenas me causaban náuseas. Avisados quedan, disfruten ;)


A estas alturas ya perdí un poco la pista de los préstamos bibliometruscos de la saga de Camille Verhoeven... ¿Se corresponden los cuatro préstamos de este libro con los de Rosy & John y Alex? Sé que por mi parte sí, y quizás esos dos préstamos del 2022 también, quién sabe, compruébenlo, puede ser divertido. Lo cierto es que cada novela de esta saga tiene más de media docena de ejemplares repartidos en las sedes bibliometrenses, por lo que la ficha bibliográfica de los que nosotros hemos leído no tienen porqué tener ninguna continuidad entre sí, qué triste es la realidad a veces, ¿no creen?

domingo, 18 de mayo de 2025

Rosy & John, de Pierre Lemaitre

Bibliometro #105. No hay primera sin segunda ni segunda sin tercera, así que si Alex estaba disponible en la red bibliometrense seguramente lo iba a estar Rosy & John, ¿cierto?, ¡cierto!, Rosy & John estaba disponible, acá lo tenemos, continuando con las implacables aventuras policiales del singular Camille Verhoeven, no nos vamos a bajar del tren a mitad de camino, claro que no.


Rosy & John es una novela más compacta, de unas 150 páginas nada más ("nada más" en comparación con las casi 400 de las otras novelas de la serie, claro), que nace de, cómo decirlo, un encargo o un reto que le propusieron a Pierre Lemaitre: el de escribir una novela digital, de capítulos cortos, más o menos destinado a esa gente que va leyendo en el camino de ida al trabajo y de vuelta a casa, con el celular en la mano en el metro o en la micro, de ahí su breve extensión y, seguramente, una prosa mucho más sencilla y directa de lo que hemos apreciado en Irène y Alex. Sin embargo, Rosy & John, aún con esas restricciones formales (que luego fueron pulidas y completadas, o enriquecidas, por Lemaitre al publicarse ya en papel), resulta ser una novela no solamente muy entretenida sino que perfectamente coherente con el universo y el estilo de Camille Verhoeven, sobre todo si consideramos cuán, ejem, caprichoso es el nexo que ata a nuestro comandante de la BC parisina con el caso que nos convoca.
Porque Rosy & John comienza con una explosión en un barrio parisino, a todas luces un atentado terrorista, una tarea que claramente no le incumbe a la Brigada Criminal. Pero resulta que el perpetrador del bombazo se presenta en la comisaría, confiesa su autoría en el ataque, informa que hay otras seis bombas más plantadas en puntos desconocidos de la capital y sentencia que sólo quiere hablar y tratar y negociar con el famoso comandante Camille Verhoeven, a quien le exigirá ridículas condiciones para desarmar las bombas, de lo contrario se quedará mutis y tendrán que esperar a que las otras bombas exploten, con el consabido recuento de víctimas fatales. Por lo que nuestro protagonista tendrá que asumir cierto liderazgo en este caso de terrorismo.
A pesar de un inicio bastante flojo, en donde la prosa de Lemaitre parece extrañamente constreñida y demasiado ilustrativa (era de esperar, a raíz de las circunstancias de su redacción, pero no a semejante nivel de simplicidad, de falta de... personalidad), casi como si pareciera la novela de cualquier otro autor contándonos el enésimo caso de bombas despedazando la ciudad (como si fuera la enésima película estilo Jason Bourne y semejantes, con ese artificioso frenetismo coral) con personajes corriendo de un lado a otro y autoridades poniendo cara de circunstancias recabando exigua información mientras gritan órdenes a diestra y siniestra, la cosa, por suerte, no tarda en encarrilarse cuando Camille Verhoeven toma las riendas de la situación y la trama, la narración, la novela, vuelve a los terrenos de su singular protagonista, esto es: la investigación criminal, tan retorcida y sorprendente como cabría esperar, que debe llevarse a cabo de los antecedentes y del pasado del terrorista con la esperanza de encontrar pistas sobre la ubicación de las otras bombas (y una que otra ventaja psicológica), una investigación áspera, tensa, impelida por la angustia y la urgencia pero sostenida por el oficio y la sangre fría, no carente del negro sentido del humor de su autor; y, claro, la complejidad moral y psicológica de los personajes, que nunca son lo que aparentan y cuya exploración, cuyo entendimiento, es un reto, un duelo, una investigación en sí misma: qué puede encontrar Camille Verhoeven dentro de la mirada apagada y taciturna de este joven terrorista que parece decidido a todo con tal de llevar a cabo su misión. Cómo desarmar a este terrorista que, con ánimos cuasi suicidas, se lanza al abismo de su determinación. Cómo resolver el caso sin heridos, sin víctimas civiles inocentes, cómo sonsacarle la información a este terrorista sin ceder a sus burdas exigencias (porque las autoridades no van a ceder, claro, pero tampoco pueden dejar que las bombas exploten... ¡vaya predicamento al que te han arrastrado, comandante!).
Así pues, qué puedo decir, tenemos una novela sumamente entretenida, cautivante y, cuando Camille Verhoeven se adueña de todo, realmente potente en sus cualidades, las cuales te hacen olvidar por completo esas primeras páginas tan rutinarias y alimenticias, para sorprenderte con la seguidilla de giros argumentales y sorpresas narrativas marcas de la casa, capaces de jugar socarronamente con los códigos más comunes del género y dotarlos de frescura, de cierta originalidad: como si el autor estuviera diciendo "¿ven que se puede ir más allá, que se pueden empujar los límites de lo conocido, de lo aceptado, de lo convenido?". Rosy & John es una rotunda novela policial contra-reloj, sin duda alguna. Aunque sea un caso tangencial, y caprichoso como se vio, en la vida de Verhoeven, es un caso coherente con el universo y los códigos internos que le ha creado Lemaitre, que hace de este encargo una novela completamente suya: trama intensa; argumento retorcido y enrevesado e ingenioso; personajes psicológicamente complejos y abismados y atormentados; prosa áspera, irónica, afilada, impetuosa. Muy bien.


No parece que los cuatro lectores de Alex hayan continuado con la saga de Camille Verhoeven, al menos, así parece, sólo los dos primeros se animaron a seguir con Rosy & John, y luego yo, claro, por favor comparen las fechas y díganme si me he confundido. Por lo demás, ¿era tan difícil estampar ese 10 de Mayor del 2022 donde correspondía?, que no creo que sea lo mismo que intentar meter un hilo en el agujero de una aguja, por dios. Eso sí, debo señalar que quizás los dos lectores que faltan en esta ficha quizás hayan leído otro ejemplar de esta novela, a decir verdad hay más de una docena de ejemplares repartidos entre las distintas sucursales. Tiene que ser eso, ¿no?, ¿cómo no te van a dar ganas de seguir leyendo los casos de este comandante?

viernes, 16 de mayo de 2025

Alex, de Pierre Lemaitre

 

Bibliometro #104. Hace no mucho tiempo, puede que hace menos de un mes aproximadamente, gracias a la B.N.P.D. leímos Irène, una novela negra escrita por el francés Pierre Lemaitre, que resulta ser la primera de una serie de cuatro novelas protagonizadas por el comisario de la Brigada Criminal de París, Camille Verhoeven. Como por acá intentamos terminar todo lo que se comienza (si es que los medios nos lo permiten), y como Irène fue una lectura genuinamente interesante e intensa, y a su modo sorprendente e inesperada, nos lanzamos de momento con Alex, el segundo título en esta negra y brutal saga.


Bien, por dónde comenzar.
Digamos que continuar con Irène planteaba un desafío, quizás un doble desafío, en primer lugar por el cómo continuar la historia (o dar inicio a otra) luego de los devastadores y definitorios acontecimientos de la primera novela, y en segundo lugar, porque, naturalmente, Lemaitre no iba a poder repetir el mismo ingenioso truco narrativo de aquélla, lo cual es de esperar, a lo que voy es: cómo podrá sorprender e impactar en ambos niveles sin parecer quedar al debe en comparación a ese mazazo inaugural.
Planteadas estas cuestiones, prosigamos señalando que no me parece que la prosa o el estilo de Lemaitre sea muy genial o magistral o extraordinaria, pero tiene personalidad, la suya es una prosa con personalidad propia que potencia y refuerza su, desde luego, innegable calidad base, esa áspera habilidad con las palabras. En otras palabras, no es otra típica novela negra y eso se agradece un montón: aunque deba recurrir a descripciones informativas y expositivas bastante convencionales, lo cierto es que tras cada frase se nota, se impone, la presencia de un autor que busca sacarle el jugo a las palabras, a las oraciones, que no quiere contar su historia de un modo mecánico y automático a través de un sólo registro, de una sola nota, por lo que a su prosa policial, ya liberada de protocolos y presentaciones, especialmente afilada y contundente, se suma una agudeza psicológica y una ironía rayana en la crueldad, un negrísimo sentido del humor, todo lo anterior que da como resultado un nítido contraste con su revelador y brutalmente desalentador mensaje central: nada ha funcionado y esto es lo que pasa cuando fallan las instituciones, cuando fallan las personas: un reguero de sangre, de cadáveres, de odio y rencor.
En cuanto a la trama, Lemaitre vuelve a deleitarnos e impactarnos con un argumento increíblemente retorcido, cimentado en diabólicos giros perfectamente emplazados y perfectamente desenvueltos, de tal manera que ¡boom!, todo lo que creías tener claro se remueve y tambalea como producto de un terremoto, ofreciendo nuevas y angustiantes perspectivas a sucesos que tomábamos por ciertos, por cabales, por unidireccionales, hasta que, claro, Lemaitre nos demuestra que en realidad la vida y la trama, el destino, es un flujo que choca con una roca y producto de ello se desparrama en todas direcciones. Uno de los aspectos que me han encantado es que Alex es una historia que, en sus hechos, va transcurriendo hacia adelante, encadenando brutalidades, a la vez que, para entenderlo todo, la historia va remontándose hacia el pasado, en otra cadena de acontecimientos no menos atroces. ¿Y de qué va todo, si se puede saber?
Alex es una treintañera como cualquier otra, una enfermera soltera que vive sola y de la que no se conoce mucho, una persona independiente, una loba solitaria que disfruta de su soledad. En eso está, volviendo a su departamento luego de concederse uno de esos necesarios lujos en un buen restaurante, cuando es secuestrada por un brusco matón que, sin decir nada, la golpea, la amarra y la empuja contra una furgoneta y escapa hacia la noche. Las cosas a partir de este punto, créanme, no irán a mejor. El caso le cae encima a nuestro Camille Verhoeven, cuatro años después de lo de Irène, ya menos destruido que antes, pero reticente a tomar casos tan grandes, tan importantes, tan serios, tan reminiscentes de aquello que ocurrió esa vez, ¿un secuestro?, ¿de todos los casos le encargan el maldito secuestro de una mujer inocente? Una mujer que parece el blanco ideal para secuestrar: una solitaria cuya ausencia quizás no sea advertida en varios cruciales días por nadie, nadie la extrañará. Así, con todos los indicios en contra, sin mayores datos que vagas informaciones de escasos testigos, Camille emprende a regañadientes esta misión virtualmente imposible: encontrar a una mujer no identificada secuestrada en una calle vacía, de noche, por un secuestrador tampoco identificado en un vehículo sin señas distintivas, y que a estas alturas podría estar con su presa en cualquier parte de la France.
Con esto dicho, qué mas queda por aportar salvo ir resumiendo lo ya señalado: la trama no sólo te captura desde el inicio sino que te mantiene enganchado y adicto, en un trance avasallador de retorcidos secretos y revelaciones tan sorprendentes como capaces de trastocar todo lo que pensabas sobre los hechos y los personajes, además de ser, de por sí, sumamente perturbadores (hay escenas bastante insoportables, algunas con unas ratas que... ugh...), sumen a ello una escritura, aparte de con personalidad, digamos otro adjetivo: potente, una prosa bien potente y rotunda que gana en seguridad y pulso y dureza a medida que todo avanza, que todo se desmorona, y que te hará sentir una amplia gama de emociones y sensaciones, desde la rabia, la impotencia, el coraje, la angustia, el desagrado, el interés, en fin... Como digo, lo más fuerte, el pilar fundamental de esta historia, es la multiplicidad de sus capas morales, y esa conclusión tan terrible: esto pasa cuando las instituciones, cuando las personas, les fallan a sus miembros e integrantes más vulnerables. Un desolador círculo vicioso de inacción, de indolencia, que como una bola de nieve puede convertirse en un colosal proyectil destructor que explota en un reguero de cadáveres. En cierto modo, me ha recordado a cierto bullado y escandaloso caso de abuso que explotó el año pasado en Francia...
Imperdible novela, redonda novela, quizás la más completa y férrea de la tetralogía de Camille Verhoeven, pero ya iremos hablando de ello...


Desde inicios del 2022 hasta estos casi mediados del 2025, redondéemelo en tres años, Alex ha sido prestado en cinco ocasiones, tres ese 2022, una vez el 2023, nada el 2024 y ahora yo. No parece un gran promedio, y el desorden de las estampas, para qué hablar de ello... Me pregunto si los cuatro lectores previos se mantendrán en las fichas bibliográficas de los libros siguientes de la serie de Camille Verhoeven.

sábado, 26 de abril de 2025

Irène, de Pierre Lemaitre

 

Biblioteca Nacional S16E03. Debo admitir que no me sonaba Pierre Lemaitre, escritor francés bastante reputado en su país (me puse a googlear sobre él y hasta ha ganado el Goncourt, que es el premio literario de novela más importante en tierras galas), pero, escaneando los estantes de la B.N.P.D. me topé con esta novela suya, Irène, cuyo escueto título me pareció muy sugerente, además de la portada, que tiene algo bastante tétrico, oscuro (y no me refiero precisamente a la paleta de colores utilizadas), no sé por qué pero pensé en "Kill List", la película de Ben Wheatley, cuando apareció este libro en mi campo visual. Así que me lo traje y, por lo demás, otra temporada de la B.N.P.D. ha llegado a su fin. Prácticamente un año ya desde que comenzamos, 48 libros en doce meses, cuatro por mes en promedio, no está mal considerando que también vamos leyendo libros de otras benditas bibliotecas públicas.


Me ha gustado Irène, me ha parecido una novela sumamente juguetona y siniestra, una propuesta diabólica, amén de su retorcida y endemoniada trama, una novela policial, pero no cualquier novela policial, aunque también debo decir que cae un poco en su propia trampa y sus conscientes mecanismos narrativos, pero ya nos explayaremos mejor sin entrar en muchos detalles, porque Irène debe ser leída en la más absoluta sorpresa.
Primero señalemos que la novela se divide en dos partes bien diferenciadas entre sí, aunque ambas cuenten la misma historia sin interrupciones en su continuidad argumental. Segundo, el protagonista es Camille Verhoeven, comisario de policía que mide un metro y medio, policía metódico y adusto, casado con Irène y al que le cae encima un brutal caso de asesinato doble en el cual dos jóvenes son encontradas despedazadas y maltratadas de maneras inimaginables (de maneras que sólo un escritor demente podría imaginar, claro), una escena del crimen tan escandalosamente monstruosa y sin embargo pulcra, policialmente hablando, sin evidencias aparentes salvo el impune descaro de su brutalidad. Como es de esperar, este caso se expande hacia terrenos insospechados a medida que Camille Verhoeven intenta dar con el o los culpables con lo poco que tiene de partida.
Entonces. Irène parte evocando una narrativa mezcla de realismo y hard-boiled policial, verismo crudo, con una prosa seca y behaviorista, sin aspavientos ni florituras estéticas situándonos de inmediato en las entrañas de una comisaría policial con sus rutinas y procedimientos carentes de glamour y sí rebosantes de burocracia, burocracia que, por cierto, no le quita lo áspero y descarnado a la labor de la lucha contra el crimen, los vicios y la indomable oscuridad humana. Luego adquiere un tono bastante, cómo decirlo, calculado, previsible, en el sentido que toca todas las teclas que uno esperaría de una narración policial típica y tópica, describiendo por dentro y por fuera a multitud de personajes con sus respectivas y comprimidas biografías, capsulas informativas y explicativas escritas de manera solvente pero algo mecánica y ¿realmente necesarias?, ¿realmente cruciales para sostener la atmósfera recargada de cinismo y acostumbrada crueldad, el tono de afilada dureza e hiriente descreimiento? Recordemos que comenzaba de un modo más "observacional", más de registro cuasi documental, para dar el salto hacia una omnisciencia inusitada que no es nada terrible ni tampoco le resta interés al escenario y los personajes (este derroche de información no llega, afortunadamente, acompañado con efectismos o truculencias narrativas o emocionales), pero que adquiere una forma más común y convencional en su escritura. De todas formas, cuando se descubre el horrendo crimen descrito arriba, Irène toma su forma definitiva que es el del fascinante y espectacular juego del gato y el ratón, ya sin tanto realismo ni behaviorismo ni tampoco exploraciones biográficas o explicaciones protocolares policiales, solamente la admiración ante un caso de asesinato cuyo atrevimiento formal y sustento intelectual engulle por completo cualquier otro elemento, como si el doble asesinato fuera una musa o una diosa y los personajes, encabezados por un Camille Verhoeven transmutado en "personaje", sus peones; como si la gris y opaca realidad de una comisaría parisina, con toda su flora y fauna, se iluminara de un aura fabulador gracias a la osadía del o los asesinos y, sobre todo, a la luz infame de su estrella sangrienta. Es un efecto bien curioso, que tiene sus pros y contras. Pros, que el caso es condenadamente interesante y, tal como lo señalé más arriba, es un juego diabólicamente engarzado en donde nada queda al azar a pesar de que nuestro pobre Camille Verhoeven deba dar manotazos de ahogado para poder rasgar una pista, por más remota que esta sea. Un caso imaginativo, sórdido y avasallador, aunque también tenebroso y aterrador porque pareciera ser que estamos ante uno de esos casos en donde los malos ganan a pesar de la pericia y determinación del protagonista, por lo que quizás podamos albergar esperanzas, eso sugiere el tono de la novela. Otro pro es el ritmo; si el caso es interesante, el ritmo y flujo de acontecimientos y descubrimientos, cada cual más sorprendente y grotesco que el anterior, hace que la lectura se te pase volando, enganchado en esta trama que no da respiro ni cuartel. Por contra, podemos reiterar un poco en lo convencional de algunas páginas, tanto en narración como en prosa; que así como la novela no para de asombrarte y sorprenderte, de repente tiene baches de tópicos, escenas previsibles, en fin, todo lo cual resulta extrañamente calculado y autoconsciente, plenamente sabedor de que está siguiendo pautas.
En su tramo final, en su segunda parte, todo toma sentido, todo encaja en su lugar, aunque también podemos decir que todo se disloca y desfigura, pues el retorcido giro es en realidad dos giros, uno de los cuales transforma por completo la visión de todo lo narrado hasta ese momento, haciéndote cuestionar todo lo que sabías y presuponías sin ofrecerte respuestas ni alivio ni, de nuevo, descanso ni cuartel, porque esa segunda parte es un devastador e infernal descenso a la oscuridad y desamparo más absoluto, una frenética, desesperada y fatalista espiral de maldad sin concesiones, sinrazón pura y dura. En esta intensa segunda parte, sobra decirlo, el estilo y la prosa de Lemaitre se afirma y reafirma, adquiere pulso firme e implacable, desalmado incluso, y claro, tiene sentido la diferencia de tono entre dicha parte y la primera, habida cuenta de la revelación, que por mi parte no revelaré (naturalmente).
Sólo puedo decir que te hace apreciar aún más la primera parte, incluso con los notorios reparos que cualquier lector medianamente observador y curtido puede apreciar, y que te hace valorar el riesgo de este autor al asumir y abrazar o reconocer el fangoso terreno que tenía que sobrellevar por momentos para justificar el mecanismo narrativo elegido, esa arma de doble filo que así como puede rasgar la percepción del lector con prestancia también puede pasar a cortarse heridas en las manos debido a las torpezas inherentes del dispositivo. Cuando lean este libro me entenderán mejor, en cualquier caso estas palabras mías confirman que les recomiendo este libro y que de seguro les gustará porque tiene dos o tres cosas importantes: el misterio te engancha y se plantea y desarrolla y concluye con precisión y manejo del drama y el suspenso; es una novela tan inteligente como animosa y entusiasta en su labor narrativa, en su recursivo juego de espejos y puzles demoniacos; además de ser impactante y ofrecer escenas que te dejan un pozo de desaliento luego de la lectura, en plan "mierda, de verdad pasó eso, de verdad llegó hasta ese punto, de verdad no se cortó para nada al momento de cruzar ese límite".
A mí me ha gustado, me ha parecido una novela muy creativa y, como la extraña variedad de tonos y formatos de su primera parte queda justificada, también valiente a su modo. Me ha convencido. Irène, demonios, una perfecta creación novelística.


Ah, la vieja y querida tradición republicana de todo préstamo a domicilio. Irène ha sido prestada y presuntamente leída en quince ocasiones, siendo la primera en abril del 2017, es decir prácticamente ocho años exactos, casi dos veces por año, aunque un análisis súper mega híper exhaustivo nos demuestra que la mayoría de lecturas de esta novela, concretamente doce de ellas, se produjeron en la década pasada, siendo el 2017 su año de gloria. Luego del único préstamo del 2019, la típica siesta lectora de estos nuevos locos años veinte hasta el 2023, cuando dos lectores, en los meses de invierno, rescatan a Irène de su letargo, luego lo mismo, nada, hasta que he aparecido yo, el héroe que nadie pedía y que nadie necesitaba, pero que de todas formas existe porque inútiles sobran en este planeta, ¿o no?