Biblioteca de Santiago nº18. Boy oh boy. Bueno, resulta que Condenada tuvo una secuela titulada, como pueden ver, Maldita. Obviamente me las traje ambas. Terminemos con esto pronto. Si Condenada no me gustó mucho, si apenas la pude tolerar en base a su desenfadada y algo entretenida incoherencia, Maldita es, lisa y llanamente, una estupidez sin pies ni cabeza que se extiende hasta casi 350 páginas. El horror, el horror. Por qué me hago pasar por estas cosas, me pregunto, ¿de verdad me odio tanto? ¿Será eso?
"LAS GRANDES PASIONES SON ENFERMEDADES INCURABLES"
-Goethe
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domingo, 13 de abril de 2025
Maldita, de Chuck Palahniuk
Maldita exacerba los peores rasgos, defectos y errores de Condenada. Parece una novela escrita por un hiperactivo y delirante muchacho de quince años, sin revisar ni corregir ni editar de ninguna forma, un vómito de plástica y artificiosa "creatividad".
En esta ocasión, la protagonista de Condenada, la niña de trece años muerta enviada al infierno, queda atrapada en la Tierra, pero como es un espíritu, no puede interactuar con nadie vivo, como por ejemplo sus padres. Así que se dedica a recordar más truculentos y grotescos episodios de su vida pre-infierno, además de verse envuelta en una ridícula y absurda maquinación mundial para enviar a todo el mundo al infierno (literalmente, claro, de eso se trata: la ironía de esas expresiones hechas realidad), maquinación que Palahniuk se inventa de buenas a primeras de una manera tan pero tan grosera que no queda más que perdonárselo (más o menos). Es curioso porque ambas novelas, Condenada y Maldita (y una tercera que vendría a completar la trilogía y que hasta el día de hoy, casi tres lustros después, no ha salido a la luz), dan la impresión de haber sido minuciosamente dibujadas y planeadas con antelación pero a la vez toda la trama y todos los personajes parecen tan improvisados e inventados y reunidos sobre la marcha, entrando y saliendo sin ton ni son, sin orden ni concierto, como si se tratara de una serie escrita por el vende humo de Ryan Murphy, incapaz de mantener una historia coherente sin sacarse rebuscados giros argumentales y escenas de puro shock value a la menor provocación, como si temiera perder la atención y/o concentración de sus lectores si no les ofreciera algo más apetitoso de lo que puedan encontrar en Tick Tock.
Demás está decir que la supuesta sátira o crítica social con toques teológicos y religiosos y filosóficos brilla por su ausencia. A diferencia de Condenada, en Maldita Palahniuk ya ni siquiera hace el menor esfuerzo por disimular algún remoto indicio de discurso, simplemente está aquí para continuar unas andanzas insultantemente insulsas, repetitivas y carentes de real imaginación, que además se contradicen entre sí y que en total dan como resultado una ilegible e inenarrable maraña de argumentos idiotas hediondos a mierda. Por cierto, se inventa una nueva religión llamada "groserismo", que consiste en ser grosero porque de esa forma vas a llegar al Cielo, así que imaginen lo que sigue: un montón de insultos a negros, judíos, mujeres, minorías, todo aderezado con litros de semen, sangre, caca, saliva, entre otros ingeniosos trucos para impresionar a tus compañeros pre-púberes del colegio. Estoy seguro que algo así se ha escrito entre las paredes de algún aula escolar, ¿no? Yo recuerdo que una vez con un par de compañeros nos inventamos un cómic similar en donde cualquier rémora de "argumento" era la simple excusa para escribir y describir (dibujar) todas las groserías y cochinadas que no nos atrevíamos a decir en voz alta. Un profesor nos pilló y pueden imaginar el resto. Maldita es exactamente eso. Créanlo.
Sumado a ello, una prosa esquemática y robótica, como arrogante, como de un tipo que, teniendo escasas habilidades retóricas y oratorias, intenta disimular dicha falencia con un montón de palabras rebuscadas y términos apresados en un tecnicismo y cientifismo irritante y petulante, como de un tipo tonto que escribe a la defensiva para aparentar inteligencia y clase. No lo entiendo, no entiendo esta manera tan plana y tan muerta de escribir, tan carente de corazón, menos en un tipo que, a pesar de lo a gusto que me estoy despachando de él, no pienso que sea precisamente un escritor carente de, no lo sé, cierto arrojo, de intenciones, de motivaciones, porque aunque ya me voy convenciendo de que Palahniuk no es un tipo muy dotado literariamente, si me dice que le gusta escribir y que siente la necesidad de escribir sus ideas, yo le creo. Por eso, insisto, no comprendo esta escritura mecánica y automática, propia de alguien que simplemente redacta algo por lo que no siente la menor implicación. Lo cierto es que todo en Maldita grita y exclama equívoco, error, insalvable contradicción. Todo en esta novela denota y evidencia que no debió ser publicada: su nivel de imperfección va más allá de toda excusa. Eviten su lectura, es un horroroso suplicio.
Vaya racha la de esta semana, ¿no? Primero comenzamos (leyendo... publicar posts va en otro orden) con Pechos y huevos, que no está mal en lo absoluto aunque como escribí en su entrada me fue decepcionando a medida que avanzaba; luego El Pistolero. La Torre Oscura I, una verdadera e insoportable y pesada decepción con mayúsculas; y luego Condenada y luego Maldita. Me queda el día domingo para arreglar la semana lectora, ya les contaré cómo me fue.
Por ahora, vamos a descansar un poco de Palahniuk. Tenía planeado mandarme un ciclo a lo bestia de sus libros, pero después de este horrible díptico infernal, desistiré y volveremos a este autor más adelante, necesito refrescarme con (esperemos) mejor literatura.
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sábado, 12 de abril de 2025
Condenada, de Chuck Palahniuk
Biblioteca de Santiago nº17. Después de leer un par de libros de Chuck Palahniuk uno queda con la curiosidad palpitando, sobre todo si el marcador está empate entre un buen libro que nos gustó y un libro mediocre que no nos entusiasmó demasiado, por lo que me dije "qué demonios, saquemos otro libro de este tipo" cuando fui a devolver los préstamos anteriores y sacar unos nuevos, para ver qué tal. Y acá tenemos una novela titulada Condenada, con la cara del diablo en portada, quizás Chuck nos entregue algo bueno, algo divertido, algo mala leche. Quizás...
Hay que hilar muuuuuy pero que muuuuy fino para concederle a Condenada méritos reales. Para afirmar que es una inteligente y divertida sátira teológico-social escrita con la indomable e intrépida incorrección política, transgresión ético-estética e irreverencia intelectual de millones de caballos de fuerza. Para declarar que es la enésima confirmación del genio creativo y fabulador de su autor y de su maestría narrativa. Para sentenciar que es la culminación y sublimación de su propuesta literaria que aúna en perfecto equilibrio dramático una coherente erudición y su arraigada cultura pop más zafia. Para concluir, simplemente, señalando que es una gran novela, muy bien escrita y narrada, que te deja pensando y reflexionando en torno a su variedad, profundidad y complejidad de temas abordados y engarzados hábilmente en una desquiciada y endiablada trama tejida a través de multitud de referencias culturales y filosóficas y antropológicas, cuyo revisionismo estético y discursivo es mucho más sutil de lo que aparenta bajo su estimulante fachada de aventura infernal al albergar y habitar dentro de las llamas de ese infierno al que nos conduce el autor todo un eterno listado de males humanos, de farsas sociales y políticas, de demonios inherentes consumiendo todo lo bello, puro y majestuoso que para su desgracia hay en esta Tierra dominada por seres humanos... Nosotros no vamos a ir tan lejos, por favor; hay hebras, claro, pero habría que hilar muuuuuy fino para en verdad pensar que Condenada es una novela mínimamente decente, medianamente disfrutable. No lo es.
Sí puedo decir que es fragmentariamente interesante y que tiene porciones bastante divertidas en las cuales Palahniuk solamente se dedica a dejar que sus personajes hablen tonterías y se lancen a hilarantes desventuras en ese infierno decididamente kitsch y escatológico. Ah, sí, Condenada trata de esto: una niña de trece años muere y despierta en el infierno, por lo que se dedica a contarnos cómo es la vida en aquel ardiente y malévolo submundo mientras va reconstruyendo, en compañía de pecadores compañeros espirituales émulos de "The Breakfast Club", la vida que tenía, la vida que la condujo a la muerte. Supongo que la gracia de este libro va en comparar ambas vidas y cómo no son tan distintas: un infierno repleto de esperas y burocracias, de trabajos forzados sin recompensa, de malos olores y hacinamiento, de corrupción y castigos caprichosos, de hipocresía y un repetitivo sinsentido rutinario... Tal como en la tierra, claro. La protagonista era una niña millonaria, eso sí, una niña mordaz y antisocial que al contarnos su existencia privilegiada aprovecha para retratar de manera crítica y ácida a las castas dominantes, a las élites financieras o culturales o lo que sea, ya me entienden. Hasta se da el tiempo para regalarnos aforismos existenciales sobre cómo y por qué los humanos somos incapaces de disfrutar la vida cuando estamos vivos, sobre las nociones de cielo e infierno, de paraíso y purgatorio, en fin, una niña de trece años muy inteligente, muy informada, que habla y escribe con un tonito didáctico y antropológico sumamente convincente y verosímil, claro. De repente me preguntaba ¿está novela está escrita por los personajes de Querido comemierda, de Despentes? No es muy alentador cuando escritores tan disímiles tienen prosas tan similares...
Y aunque al inicio pueda ser divertido ir descubriendo ese novedoso infierno con sus paisajes horrorosos (el mar de semen, el pantano de los abortos, el valle de las uñas cortadas, las montañas de cuchillas suicidas...) y la gran cantidad de demonios "reales" que pululan por ahí y por allá (en donde cae la trivia pop propia del autor: enumerar deidades y demonios, con sus características culturales y etnológicas) y otros infames personajes históricos disfrutando de la calidez del averno, la verdad es que Condenada es una novela superflua, infantil y onanista, embobada en la extravagancia por la extravagancia, tan salida de madre que su supuesto componente satírico se queda en un burdo boceto caricaturesco, en un vergonzante gesto adolescente de gritar groserías e insolencias porque sí. La sátira, el humor negro tiene su ciencia, tiene su arte, tiene sus códigos y bases cualitativas: si viene cualquier pelafustán a decir estupideces y mostrar brutalidades con una sonrisa por el simple hecho de epatar e impresionar e impactar gratuitamente, ¿le llamarían a eso una sátira? No hay nada concreto ni sustancioso que Palahniuk apunte y deconstruya cómicamente en este libro, lo suyo es describir violentas y lujosas extravagancias por el mero gusto de solazarse en esa mierda. La supuesta "gracia" de Condenada se agota en las primeras 30 o 40 páginas de un total de 250 o poco más. Luego es un blando y achatado vaivén de naderías soporíferas y otras algo chistosas, y sería.
En fin... Si no esperan mucho de Palahniuk, de quien me voy dando cuenta de que no es para nada un buen escritor (¿todo lo contrario?, aún no hemos llegado ni a la mitad de su obra para afirmar algo tan definitivo, pero no me siento entusiasta), y si no les molesta mucho esa inocua insolencia de reformatorio, quizás puedan entretenerse un poco con las llamativas desventuras de la protagonista en la Tierra y en el Infierno. Pero si no leen Condenada, no pasa nada, aprovechen el tiempo para leer algo mejor.
Viendo lo que hicieron con "The Boys", Condenada debe tener babeando a los mentecatos de Seth Rogen y Evan Goldberg. "¿Y si lo mezclamos con "Keeping Up with the Kardashians"? Y listo, ¡el dúo dinámico de la idiotez tiene su próxima adaptación televisiva lista! De nada, par de enfermos.
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lunes, 17 de marzo de 2025
Snuff, de Chuck Palahniuk
Biblioteca de Santiago nº12. Nos hemos topado con libros de Chuck Palahniuk en la BDS y, luego del buen sabor de boca que nos dejó Rant, nos hemos traído Snuff a ver qué tal. Por cierto, en el post de Rant se me olvidó mencionar algo interesante: estoy seguro que de Palahniuk debió haber leído a Bolaño antes de escribir ese libro, y no lo digo por su estructura coral de voces, que obviamente recuerda a Los detectives salvajes, principalmente porque dudo que Bolaño haya sido el pionero en esa forma de relato, sino que por 2666 y su segmento La parte de los crímenes, en particular todo lo que tiene que ver con el personaje de Lalo Cura, cuya biografía se asemeja mucho a la de Buster Casey, el protagonista de Rant: ambos son el último eslabón de una cadena familiar que consiste únicamente en mujeres que fueron abusadas y violadas por sujetos desconocidos que luego de mancillar a las muchachas huyen dejándolas a su suerte, dando a luz a hijas únicas que también serán abordadas y violadas por otros hombres desconocidos, así sucediéndose el ciclo hasta que éste se interrumpa con el nacimiento del primer varón, un varón con un aura demoníaca. Curioso, ¿no? Quería compartir esta reflexión. Ahora, al libro que nos convoca.
Snuff nos cuenta la historia de un rodaje porno que pretende marcar un récord: una película en donde la actriz estrella va a tener sexo con 600 hombres distintos, la mayor cantidad de polvos seguidos grabados. Como ven en el índice, tenemos cuatro personajes: un muchacho enamorado de la actriz y que quiere salvarla revelándole una verdad; un actor caído en desgracia que quiere relanzar su carrera apareciendo en semejante evento pornográfico; y un veterano actor porno, quien ya ha rodado películas antes con la actriz y con la cual tiene sórdida historia previa. Entre medio la coordinadora del proyecto, la ideóloga de este récord para la posteridad, que nos cuenta un poco sobre los orígenes de este rodaje y su detrás de escena.
Hay intenciones, claramente, pero que haya intenciones de fondo no quiere decir necesariamente que éstas lleguen a puerto, que se ejecuten de manera solvente o decente. Snuff no es más que un conjunto de apuntes bien documentados pero que falla al desarrollarse como novela. Una de las intenciones de Palahniuk es ofrecer un retrato en crudo de la industria del porno y, por extensión, del espectáculo: mostrar el pegajoso, cansino y estéril detrás de cámara en donde ese rutilante glamour que nos venden en las revistas y los reality shows brilla por su ausencia. Que detrás de la magia del cine y de la televisión y del porno no hay más que burdos trucos de ilusionismo para, ejem, pobres ilusos manipulables. Ni las estrellas son tan bellas o felices, ni los orgasmos o las eyaculaciones son expresiones de auténtico placer: el artificio puede ser bello y mágico, puede elevarse a la categoría de arte, cierto, pero bajo el fulgor del truco se esconde el polvillo de la rutina. Nos queda claro, Chuck. Para ilustrar el punto, los personajes, sobre todo Sheila la coordinadora, se la pasan enumerando trivia y cultura pop sobre ese miserable detrás de escena: los trucos, a menudo dolorosos y peligrosos, con que las actrices y actores tanto del porno como del legítimo cine intentaban mantenerse jóvenes, pulidos, arriesgando sus integridades físicas y psicológicas, arriesgando sus vidas: usar sustancias para la piel que se filtran al cuerpo y te envenenan, desparejar suelas de zapatos para que al caminar menees el culo coquetamente aunque te afecte la columna, y así... Un paraíso por fuera que por dentro es un infierno de apariencias, una competencia cruel de espectáculo y atención desesperada, un carnavalesco desfile de disfraces en donde el personaje mediático devora al individuo real: muertes, suicidios, olvidos... Tiene su gracia: Palahniuk no necesita subvertir nada porque el mismo mundo de la fama y el glamour es una realidad subvertida, deformada y manoseada sin asco, y su interminable seguidilla de datos triviales así lo demuestran, de manera elocuente he de admitir.
Pero en tanto relato, en tanto narración, en tanto prosa, Snuff es un libro plano, superfluo, incluso melindroso: sus personajes son apenas esbozos sin entidad propia, transparentes por falta de sustancia y contenido, perfilados con tics verbales simplones y repetitivos, ni siquiera sus burdas backstories logran dotarlos de un mínimo de profundidad y complejidad personal o psicológica: simples pajeros con uno o dos burdos traumas pasados que mezclan lo escabroso y lo cómico pero que no ahondan ni aprovechan de meter el dedo en la llaga en esto de la industria del espectáculo y de cómo esta moldea la psiquis sexual del hombre promedio en un círculo vicioso, en un ciclo perpetuo de genuflexa lamentación, un uróboros de patetismo y frustración. Para peor, Palahniuk se va inventando un rebuscado giro argumental que más que sorprender solamente demuestra aún más sus esfuerzos por epatar de manera fácil en un clímax incomprensible y caprichoso, lejos de ese apoteosis dramático que seguramente esperaba conseguir.
En resumen, Snuff es el intento fallido de Chuck Palahniuk en hacer una sátira sexual/crítica social cuyas interesantes ideas de fondo se desperdician de las maneras más obvias y poco originales, sumado a un argumento y personajes que son el colmo de superfluidad y vacuidad y futilidad, un libro que se agota a sí mismo y se queda sin gasolina a mitad de camino. Te faltó John Waters, Charlie.
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domingo, 5 de enero de 2025
Rant, de Chuck Palahniuk
Bibliometro #69. Yo no sé qué pensarán ustedes de Chuck Palahniuk ni tampoco sé qué piensa la oficialidad, la crítica especializada y esas entidades. Lo qué sé es que Palahniuk es el autor del libro homónimo en el que se basó la película de Fincher, "Fight Club", El club de la pelea, una película que me gusta tanto como me disgusta, o quizás no disgusto pero es que hay escenas tan ridículas y vergonzantes (lo cual debe ser intencionado, ese carácter autoparódico propio del autor del material original), si bien se compensa con su buen toque de mala leche y entretención, eso es lo que sé y con eso me basta para hincarle el diente a cualquier cosa suya, para ver qué tal es su literatura. Tampoco vamos a generalizar a partir de una sola novela, ni tampoco vamos a caer en el baboseo que, también sé, provoca Palahniuk, al parecer conocido por abordar de manera satírica y esperpéntica, algunos dicen que transgresoramente también, temas candentes e incómodos. Pero, debo decirlo, Rant me ha sorprendido muuuuuuy gratamente.
Si les digo que Rant. La vida de un asesino es una locura probablemente me crean pero probablemente también piensen que no estoy diciendo nada sorprendente, habida cuenta del autor que tenemos entre manos. Vayamos por partes, partamos por lo formal: como se puede ver en la nota del autor, Rant es un relato coral y oral en cierta forma, la narración conformada por los testimonios de una gran variedad de personajes, testimonios que giran en torno a Buster Casey, más conocido como Rant Casey, en torno a su vida y a varios otros temas relacionados con él. Desde su infancia hasta su muerte, con algunas reflexiones y especulaciones post-mortem. Rant Casey, por cierto, es, en el universo de este libro esquizoide y delirante, el mayor superpropagador pandémico de la historia de Estados Unidos, el paciente cero o como-se-diga que incubó en su cuerpo una agresiva variante de la rabia y luego la propagó a medida que iba creciendo y mudándose de ciudades, razón por la que es tan famoso e incluso legendario: el nuevo María Tifoidea.
Su familia, sus vecinos de la infancia, la gente del destartalado pueblito rural en el que creció, luego sus amigos de la ciudad, sus jefes, algunas personas con las que trató, estudiosos de la medicina, de la antropología, investigadores privados y policías, políticos y autoridades municipales, en fin, las historias que cada personaje tiene que contar van construyendo un universo, una mitología propia de manera tan fascinante como inusitada, inesperada (tanto que podría ameritar una segunda lectura, en caso de haber tiempo disponible de sobra), a la par que nos dan pistas de quién era este tan misterioso y peculiar sujeto, Rant, excéntrico desde que nació prácticamente. No seré yo quien les agüe la fiesta, pero lo que comienza siendo una reconstrucción biográfica en uno de esos pueblos rurales al estilo redneck o hillbillies dejados de la mano de dios, da paso, con toda coherencia debo decir, con una sólida e improbable verosimilitud, a la ciencia ficción, a lo esotérico o místico, lo fantástico incluso, lo distópico, si bien este explosivo y desaforado cóctel de estilos nunca pierde esa base de realismo sucio, de feísmo, de realismo grotesco y sórdido, mugroso y grasoso, para mí un perfecto ejemplo de Nueva Objetividad Alemana (o Neue Sachlichkeit, búsquenla, es una corriente artística que me encanta) hecha literatura, lo que nos da paso a otro aspecto importante de esta novela: el retrato socio-político que Palahniuk elabora, no sólo de la sociedad estadounidense (aunque primordialmente lo es) sino que también de occidente y sus vicios, un retrato ácido y satírico, sumamente efectivo e hiriente, como un gancho al mentón, porque no pierde de vista el factor humano: si el constructo social es, en esencia, una vil trampa, un burdo chantaje de castas, quienes están atrapado en esa trampa son seres humanos de carne y hueso, imperfectos y a veces ciegos, ciegos por negarse a ver lo obvio y ciegos por dejarse encandilar demasiado por tantas retorcidas conspiraciones para explicar sus pesares materiales. La sociedad, en efecto, del espectáculo, del pan y circo, pero también del desapego, de la amoralidad, del escapismo escatológico: un retrato perfecto de las dinámicas sociales, culturales, interpersonales, y sobre todo políticas y económicas de nuestros benditos tiempos dominados por este capitalismo salvaje que circula libremente por nuestras venas, o peor, por nuestras tripas. Podría entrar más en detalle pero como dije, no quiero revelarles todos los detalles que tiene esta novela, apocalíptica sin apocalipsis, apocalíptica espiritualmente, he ahí la clave: pareciera que todo lo externo, todo lo aparente, está muerto y deforme, repulsivo y grotesco, y que el único reducto en que los personajes se sienten a salvo del asco de vivir en una sociedad tan inhumana es en sus refugios introspectivos, salvados por sus abstracciones... o eso creen, pero quiénes somos nosotros para juzgar. Esta deliciosa relatividad viene del hecho de que, al ser un relato coral, está lleno de potenciales narradores no confiables, o unreliable narrators, lo que nos hace elegir entre si estamos leyendo un sesudo y meticuloso documento histórico o una indulgente performance posmoderna de lisérgica creación colectiva, que es también, quizás, la razón por la que la novela de repente toma giros sombríamente fantásticos. Depende de ustedes abordar esta biografía desde un punto de vista racional y sociológico, incluso filosófico, o abierto a los misterios místicos de la existencia.
Rant me ha parecido un libro sobresaliente, no sólo por la historia en sí, por la habilidad fabuladora de Palahniuk de inventar personajes e historias (y de enhebrarlas con datos y episodios verídicos, dándole un piso de cierta verosimilitud científico-histórica, que potencia el efecto), también por amalgamar su visión de los géneros literarios con la feroz e inteligente crítica social desplegada, de manera más sutil de lo que aparenta, en cada una de las poco más de 300 páginas. Cada aventura del tal Rant Casey (algunas de su infancia son verdaderas delicias argumentales y narrativas) es también una manera de Palahniuk de evidenciar la atribulada y contradictoria (e incluso hipócrita) alma de la época, ese zeitgeist convulso e involuntariamente paródico. Porque he ahí el pilar fundamental, la verdad dolorosa y tenebrosa que Palahniuk identifica y nos arroja al rostro: no estamos libres de la parodia involuntaria; en estos tiempos locos, aunque intentemos engañarnos, todos acabamos turnándonos por ser el payaso del pueblo. Es el gran y cruel chiste contemporáneo, da risa y no la da, es algo serio que no hay que tomarse en serio, no seas tan grave pero tampoco seas tan superficial, es todo y nada a la vez, capisci?
Supongo que por ahí va verdaderamente el sentido de la cita inicial: el escapismo definitivo.
La ficha bibliográfica principal nos muestra que, desde mediados de mayo del 2022, que por lo demás ha sido el año de gloria de Rant, este ejemplar (el único de la red bibliometrana) ha sido pedido en ocho ocasiones. Pero si echamos una mirada bajo esta ficha veremos que hay un miserable post-in pegado, con fechas estampadas (lo que sugiere que, quizás, antes hubo otra ficha que al llenarse quitaron, o quizás nunca hubo una ficha previa), ocho en total, dando un súper total de dieciséis préstamos desde mediados del 2017, unos siete años y medio hasta nuestros días. Desde el 2019 hasta el 2022 Rant tuvo una mini-siesta lectora, pero se ha mantenido sorprendentemente activo.
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