"LAS GRANDES PASIONES SON ENFERMEDADES INCURABLES"
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jueves, 27 de junio de 2024

Todos los cuentos, de Clarice Lispector (y IV)


Vamos a ir apurando un poco esto porque, en primer lugar, no puedo estar semanas hablando de un sólo libro (aunque sea la recopilación de toda una obra cuentística), y en segundo lugar y más importante, se nos van a ir acumulando los materiales de los posts, y no quiero que eso suceda, claro que no. Así que hoy vamos a darle fin a Todos los cuentos de Clarice Lispector de una vez por todas, estos cuentos tan conflictivos para mí.


Todos los cuentos que quedan fueron publicados (y presumiblemente escritos, si bien Lispector tiende a reciclar o remodelar ideas, conceptos, historias o personajes) ya en la década de los setenta, a la postre la última década en la que la escritora viviría hasta que un cáncer de ovario se la llevara tempranamente el año 1977. Y las fechas son importantes, porque se aprecian muchas cosas en la escritura de Felicidad clandestina y Dónde estuviste de noche. Yo no soy experto en la vida de Lispector y muchas cosas de su biografía se me escapan, pero ciertas notas y comentarios críticos y de los editores de esta recopilación indican que, por diversos problemas de la vida (de salud, por ejemplo, entre otros), la escritora había decaído en una visión de vida más pesimista o huraña, casi nihilista, lo cual, partiendo de esa personalidad anárquica, iconoclasta, contenidamente rabiosa y profundamente dicotómica (la individualidad versus el rol social como persona, como mujer) que intuíamos en sus primeros cuentos escritos en los cuarenta, claramente encontraría un potente acento en sus obras, que además de ser más breves, veremos que tienden a ser más tempestuosas, violentas, directas, tórridas y completamente desprejuiciadas. Que Lispector se dé a sí misma voz a través de sus personajes no es de extrañar, y varios personajes claman que la literatura no importa para nada, que los escritos son meras anécdotas y que su interés radica en escribir sobre lo que acontece en la realidad más cruda, para desagrado de sus críticos más intransigentes y lacerantes.

Dicho esto, y como ya no recuerdo con exactitud lo que sucede en todos los títulos, sí puedo afirmar que los cuentos de Felicidad clandestina aún no se inclinan hacia la vertiente más feroz y nihilista de sus últimos escritos; aún hay un tono ingenuo en estas historias, como si Lispector se resistiera a lanzarse por completo al desencanto y la rabia incendiaria; un tono ingenuo y juguetón que se combina la mar de bien con las atmósferas propias de cada cuento, algunas más sugestivas y oníricas, otras más costumbristas y "realistas", otras más descriptivas y otras más evocativas o introspectivas. El primero, que da nombre al conjunto es sobre una niña, amante de la lectura, que sufre las burlas de una niña rica que tiene todos los libros que la protagonista desea, pero que no se los presta y la hace sufrir de imaginativas formas. Cuando por fin puede acceder a sus lecturas, la invade una felicidad que considera prudente esconder, nuevamente el conflicto entre el goce desprendido o el pudor del "comportamiento en sociedad decente". Similar cosa ocurre en Restos del carnaval, sobre una niña que ansía con todas sus fuerzas asistir al carnaval de su ciudad, si bien hay un abismo de diferencia entre las expectativas que nos formamos y las circunstancias que rodean los hechos una vez ocurren: la magia existe pero no es fácil de invocar o, para tales efectos, sostener en la palma de la mano. Los tres cuentos que siguen son entretenidos e ingeniosos juegos sobre niños filosofando inocentemente, una mujer enojada con Dios y las pruebas que pone en su camino, y robos y ladrones que se exculpan de todas las maneras. La criada, desde una perspectiva externa, analiza el misterio que supone la personalidad de una criada, de buenas a primeras una persona simple pero que, interiormente, puede ser más compleja de lo que aparenta. Los demás, como ven de dos o tres páginas de extensión, van en la misma dirección y dejan con buen sabor de boca, sin impresiones muy sombrías o ambiguas.

Algo similar con la mayoría de los cuentos de Dónde estuviste de noche, que desde Manifiesto de la ciudad hasta Vida al natural también va sobre personajes interesantes o singulares, momentos incandescentes, momentos únicos, pensamientos, descripciones, reflexiones... Oscilando entre un estilo relativamente coloquial, cuasi hablado al natural, y esas construcciones algo más elegantes y complejas en su composición, sin caer en el exceso de hermetismo y trucos recursivos que hacían un suplicio la lectura de cuentos anteriores. Debo comentar un par que me gustaron o llamaron la atención de alguna forma: Tanta mansedumbre es sobre una mujer que se sorprende de sentir tanta calma; y en Tempestad de almas Lispector básicamente admite que le gusta escribir lo primero que se le venga a la mente y dejarlo así, un poco en sintonía con su carácter desafiante y de buscar la belleza en lo extraño, en el caos (claro que para el lector la cosa se hace menos amable, menos legible). Los cinco primeros son más largos pero, en general, sumamente interesantes y logrados. En busca de una dignidad es como un relato kafkiano, como de pesadilla, en una ciudad laberíntica e ilógica a través de cuyas brumas arquitectónicas la protagonista se mueve no muy convencida, no muy segura, preguntándose por el sentido de sus actos, de sí misma, cuando lo cierto es que al parecer le complica el hecho de que aún pueda calentarse... La partida del tren es un entrañable cuento sobre dos pasajeras de un viaje en tren que reflexionan sobre los motivos de sus respectivos viajes mientras entablan conversación. Seco estudio de caballos es uno de esos típicos devaneos de Lispector que comienza casi como un informe común y corriente y termina casi como si de una leyenda o algo sobrenatural se tratara, entre medio multitud de frases y aforismos apreciando a los caballos, la belleza, lo místico, en fin... Dónde estuviste de noche, curiosamente, es un cuento bien místico, misterioso, surreal, onírico, pero está escrito como relato, la cosa se entiende y de hecho es la mar de interesante: un grupo de personas están de noche en lo que parece ser un rito de alguna religión tribal, con sus deidades crueles y sangrientas (estoy seguro que Mariana Enriquez ha leído este cuentazo), cada cual dejando sus impresiones y todo eso, mientras éste se desarrolla en el misterio de la noche, hasta que se hace de día y la gente vuelve a sus realidades mundanas, como si hubiera sido un sueño... ¿Lo fue? Informe de la cosa es un ejercicio de anti-literatura... dejémoslo ahí.


Muy bien, ya para ir terminando. En El Viacrucis del cuerpo es donde encontramos a la Clarice Lispector más desencantada, desafiante, rabiosa a la vez que resignada, nihilista, cuentos que son como puñetazos al estómago, escupos al rostro de los solemnes, patadas en las bolas, cuentos que por lo demás, según la misma autora, fueron escritos en máximo una semana, amén de esta energía más bien visceral, incendiaria, contestataria... Como mezclando el ímpetu e idealismo juvenil con la amarga y descascarante experiencia de los años. En estos cuentos se habla de sexo sin tapujos, de personas que reniegan de Dios, de la religión, que abrazan la soledad, el individualismo, Lispector despotricando contra el valor de su arte y de su literatura, completamente desinteresada en la recepción que pueda tener, simplemente volcando en el papel esa masa palpitante que hierve por dentro. Como si estuviera cuestionando todo lo que antes significaba algo para ella, como una tardía pero nunca innecesaria rebeldía. Es mejor no reseñar nada y dejar que ustedes se sorprendan por sí mismos.

Por último: Brasilia, escrito en dos tiempos, primero en los sesenta y luego en los setenta. Es como una crónica, la crónica que Clarice Lispector hizo de cada visita a esta ciudad de diseño, una ciudad hecha a medida. No es una crónica normal, es otro torrente de idas de olla (o ideas... ideas de olla) que te habla de los habitantes, la arquitectura, a la vez que ininteligibles tramas subyacentes que, en fin, parecen querer rizar el rizo porque sí. La mirada mordaz y aguda de Lispector encontraría perfecta expresión en una crónica normal.
La bella y la bestia es un entretenido y bastante consciente cuento sobre la esposa de un acaudalado banquero cuya vida se complica al tener que darle limosna a un vagabundo mutilado. Aunque no está presente de manera muy directa o explícita en su obra, este cuento parece girar sobre las diferencias de clase y cómo dichas circunstancias afectan la mirada sobre la realidad. Eso, y que es un estudio de personajes bien irónico e inteligente. Muy recomendable.
Un día menos. Una treintañera solterona se queda sin su criada por unos días y veremos cómo se las apaña para vivir por su cuenta. También, muy interesante, entretenido y escrito con claridad y bastante mala leche, pero también compasión.

Y eso, hemos llegado al final de esta recopilación. Una tarea ardua, no les voy a mentir. Quise desistir en algunos cuentos, me molesta cuando no puedo imaginar lo que se narra, y pasaba continuamente, tantos cuentos que son como el aire hablándole al aire. Con todo, una lectura valiosa en tanto Lispector es una autora muy singular y dueña de una mirada propia, conflictiva como su escritura, pero de múltiples recursos y hallazgos, elegante pero con sentido del humor, observadora e imaginativa. Puede que sus cuentos no me hayan dejado mucha huella, quizás me lancé a lo bestia, no sé, con otros cuentos completos no me pasa, primera vez ahora. Dudo que le dé otra oportunidad a este volumen, no suelo repetirme las cosas (las pelis, los libros: siempre hay nuevas historias por descubrir y degustar), pero en algún punto creo que merecerá el intento, quizás la vida me dé lo que ahora (quizás) me haya faltado.
Anímense.

martes, 25 de junio de 2024

Todos los cuentos, de Clarice Lispector (III)

 

Ok, tercera entrega de los cuentos de Clarice Lispector. No les voy a mentir, el cansancio ya comienza a apoderarse de mí, y eso que hay cuentos bastante buenos, pero no lo sé, hay algo que no termina de engancharme con estas historias. Debe ser... bueno, ya hablaremos de eso.

Es curioso, sacando cuentas, me gustaron bastante de los cuentos que se ven indicados en la fotito. Pero es que Lispector parece que se halla en una dicotomía bien grande: escribir cuentos en un estilo más ameno (pero no por ello simple o simplón), legible en su contenido, o lanzarse en una escritura innecesariamente sinuosa, hermética (en  todo su amplio sentido), etérea, demasiado inconcreta y amorfa para su propio bien. Si no puedo imaginarme lo que acontece, si no puedo figurarme la reflexiones, ¿entonces qué demonios estoy haciendo leyendo esto? Esta dicotomía ya quedaba patente en Lazos de familia, pero en esta sección Legión extranjera + Fondo de cajón el asunto se intensifica, dando como resultado un estilo que devora, negativamente, lo que, supuestamente, pretende transmitir. Tomemos por ejemplo El huevo y las gallinas. La mayor parte de ese cuento no es más que un conjunto de frases y aforismos ilógicos que, ya por el final, luego de un extenuante mar de palabras sin ton ni son, parece llegar a algo sustancial: que la vida está predeterminada en su totalidad y que incluso las reflexiones y crisis existenciales son parte del gran diseño de la obediente vida, lo cual es bastante interesante, pero ¿para qué ese farragoso continuum de sinsentidos previos? Todo Fondo de cajón es lo mismo: La pecadora quemada y los ángeles armoniosos es una obra de teatro sobre una mujer infiel y el circo que hacen por juicio para castigarla, todo con esa imaginería religiosa de Lispector, que con un estilo nuevamente excesivo pareciera querer disfrazar lo simple del conjunto, argumental y sustancialmente, como si por usar palabras altisonantes y grandilocuentes el contenido fuera más inteligente e interesante. Según el libro, Mineirito es una obra periodística, pero está incluido porque el estilo lo acerca a sus cuentos, y yo pensaba, ¿cómo demonios se escribe así una obra periodística?, no sólo por ser tan subjetiva (defender a un criminal) sino que también porque nadie va a entender las razones, planteadas y escritas como si estuviera hablando de asunto esotéricos en lugar de las fechorías de un monstruito. Los otros dos cuentos de Fondo de cajón van por las mismas: como si en vez de escribir algo pulido y concreto la autora quisiera abrazar ese carácter de borrador, azaroso e ininteligible (como ya intuía en mis sospechas de Devaneos... en Lazos de familia), para más inri escrito como si se mordiera la cola, cansinamente recursivo... El mensaje, Los obedientes y Repartición de los panes caen en lo mismo: convertir algo peregrino (como una reunión de amigos en Repartición...) o algo especial (una amistad en El mensaje) en una experiencia cuasi religiosa, y para qué, si termina sepultando con el cómo el aparente valor de lo que cuenta, pues eran cuentos que comenzaban bastante bien la verdad.

Es una lástima porque los demás cuentos son un verdadero gusto de lectura. Están los más cortos, bien efectivos y entretenidos (Monos: sobre tener macacos de mascota; Tentación: sobre una niña pelirroja y un perro que están destinados a estar juntos; La solución: sobre dos amigas aparentemente distintas entre sí cuya amistad llega a un tenso punto cúlmine; La quinta historia: sobre cómo contar algo simple cinco veces, un delicioso juego de perspectivas e imaginación; Una amistad sincera: sobre dos amigos que son tan buenos amigos que no pueden estar juntos), que cuentan lo que quieren contar sin prescindir de inteligentes metáforas y ese estilo naturalmente elegante y sobrio de Lispector cuando no le da por enredarse en esa escritura fantasmagórica. Y están los más largos (Los desastres de Sofia: sobre una niña enamorada de su profesor; Viaje a Petrópolis: sobre una ancianita que es una molestia para un par de familias; Evolución de una miopía: sobre un muchacho que va a pasar un día al cuidado de su prima, y sus preparaciones para que todo vaya bien; La legión extranjera: sobre una mujer y su singular relación con la engreída hija de unos engreídos vecinos) que tienen lo mejor de la escritura de Lispector: una buena construcción de personajes, de construcciones interiores y cotidianas, retratando conflictos personales que van desde la ensoñación versus la cruel realidad, hasta los conflictos que surgen en el día a día por los más diversos motivos: la mezquindad de las personas, la dureza del medio en que vivimos, etc.

Es curioso porque los cuento que me gustaron exceden en número a los que no, pero la lectura de esos cuentos es tan agotadora y frustrante que, no lo sé, hacen de las buenas lecturas algo anecdótico y menor: es mayor el agotamiento que la fluidez de los buenos cuentos. Esta sección fue publicada a mediados de los '60, y como Lazos de familia fue publicado a fines de los cincuenta/principios de los sesenta, yo creo que por ahí va esa ambivalencia, esa dicotomía en la escritura de Lispector, como ella estuviera en conflicto con su literatura y no le bastara con algo más terrenal pero sofisticado. Eso comenzaría a cambiar, más o menos, con los cuentos por venir...

viernes, 21 de junio de 2024

Todos los cuentos, de Clarice Lispector (II)


Entonces, ya leídos y devueltos los tres ejemplares pedidos a Bibliometro (y pedidos prestados otros cuantos más, je, je), seguimos con la lectura de los libros pedidos a la Biblioteca Nacional, en concreto seguimos con los cuentos de Clarice Lispector. Esta vez hablaremos de otra sección más, seremos breves (creo).


Lo que en primer lugar salta a la vista es que Lispector tiene un poco más de experiencia en esto de escribir, en esto de la literatura, y eso significa que el vital y expansivo entusiasmo visto en sus primeros cuentos, en esa escritura como jovial y desprejuiciada (y por lo mismo muy honesta, o auténtica), está algo más depurado o contenido en los cuentos recopilados en Lazos de familia, que fue publicado casi a fines de los '50 (los primeros fueron escritos y publicados en los primeros años de los '40), si bien varios de ellos habían visto la luz en revistas literarias un lustro antes. Esa energía literaria juvenil ha trocado en un estilo más consciente y estudiado de sus mecanismos y/o recursos, si bien los temas y las preocupaciones siguen presentes.
Desde luego, el interés de Lispector por retratar, explorar y describir el mundo femenino, la perspectiva interna y la cotidianidad externa, sigue siendo un tema capital. Este a su vez se mezcla, porque no podía ser de otra manera (es imposible que vayan separados: son consustanciales), con el carácter y el impulso iconoclasta y anárquico de la autora, que no sólo es meramente social o económico, también lo es filosóficamente, existencialmente, hasta espiritualmente. Lispector, iremos viendo, se pone cada vez más esotérica, lo que no le viene muy bien creo, pero ya llegaremos a eso en próximas entradas. De momento, estos cuentos son bastante legibles y, por lo demás, bastante buenos.

Devaneos y embriaguez de una muchacha, Amor, Imitación de una rosa, Preciosidad y El búfalo son como variaciones de sus primeros cuentos ejecutados con una pretendida mayor sofisticación formal. Con esa prosa aún elegante, sobria pero evocadora, sugestiva y algo onírica (como si la realidad fuese un sueño), las protagonistas de estos cinco cuentos son mujeres en manifiesto conflicto interno y con la realidad, intentando buscar un equilibrio entre su bienestar emocional y psicológico y todo cuanto las rodea, todo eso que es tan caótico y asqueroso y brutal, tan poco amable, tan impuesto. Que si hay que cumplir con el rol que dice la sociedad como madre y mujer, que si hay que comportarse de tal manera, que la vida es algo sencillo y bonito y que no puede ser más voluptuosa y placentera, etc... Algunos parecen ser tornados hechos en vasos de agua, para qué voy a mentir, pero no dejan de ser cuentos interesantes, por la conflictiva cosmovisión interna que vierte la autora, como por los motivos argumentales, en donde cualquier cosa puede suceder y uno, con real interés, quiere saber cómo resultarán los hechos.
El primero de los listados, como indica su título, narra en primera persona todas las cosas, a veces incoherentes y sin continuidad aparente, de una mujer borracha, que se lamenta de muchas cosas y que habla de esto y aquello como si nada. Me recuerda a una amiga que tenía que caía en el mismo trance ilógico y ridículo cuando bebía de más. En este cuento me surgió una teoría que iría confirmando a medida que iba leyendo más cuentos: esa sospecha fundada de que algunos no son más que una tormenta de ideas sin mucha revisión, engarzados sin ton ni son, pero que quedan así justificados por la premisa del cuento. Total, estando borrachos... El segundo, Amor, es sobre una mujer que lleva una vida equilibrada y plena como ama de casa, de verdad, pero que al volver de comprar comida, al ver a un ciego masticando chicle, toda su vida se pone patas arriba: se debate entre ese equilibrio alcanzado, en esa agradecida mansedumbre vital como piadosa protectora de los débiles, o en disfrutar la vida por y para ella, lanzarse a ese infierno de placentera soledad. Imitación de una rosa es un cuento que me gustó, algo más directo al grano pero que versa sobre lo mismo: una mujer, ahora "sana", tachada de muy nerviosa y ansiosa por su marido y amigos, que para lucir orgullosa su recuperación debe prepararse para salir con su marido y amigos, aunque en el proceso, su mente irá cayendo de nuevo en ese "problema", que según yo no es otro que el problema de disfrutar la belleza de las cosas, del mundo, y cómo la contemplación de esa belleza es una actividad irreconciliable con la vida en sociedad. Preciosidad es sobre una niña que lleva una vida bien disciplinada y que no le gusta que la miren, porque al mirarla ella se verá reflejada en los ojos y verá su belleza/fealdad y esas cosas. Es otro caso de una protagonista con una lucha interna de proporciones siderales, aunque no deja de tener sentido y las reflexiones de la muchacha son bastante interesantes. Curiosa ambivalencia la de este cuento. El búfalo es sobre una despechada que va al zoológico a descargar su odio, va buscando odio para castigarse por ese amor no correspondido. No es la gran cosa pero tiene su aquel.

Los demás cuentos varían en temática y escritura, ya menos vanamente "místicos" en su estilo, incluso bien irónicos e imaginativos, algunos bastante económicos en medios y palabras, como si Lispector quisiera sacar a su Borges interior, para narrar lo importante, lo medular, y no regodearse en palabras vanas y vacuas. Aunque, en el fondo, tratan los mismos aspectos (preocupaciones sociales, personales, filosóficas), pero de una forma más amable y cotidiana, lo cual se agradece. Algunos son un verdadero placer de lectura. En orden (descontando los otros, y comentando los que valen la pena):

Una gallina es sobre una gallina que escapa a su destino de ser comida, aunque mucha cuenta no se da de esa nueva libertad. Para mí es como una parábola sobre las personas, sobre lo fatal y caprichoso del destino y lo elusivo e ingrato del concepto de libertad. Puede que a la autora también le gusten las gallinas, criaturas que aparecen en varios otros cuentos.
Feliz cumpleaños. La anciana matriarca de una amplia familia cumple años. Sólo diré que es como una sátira social, bien graciosa, sobre lo falso e impostado que pueden ser estas ceremonias, lo falso e impostado que pueden ser los lazos familiares, como un vil compromiso que pocos están preparados para cumplir. Ahora bien, conociendo a Lispector, ¿que es peor para ella?: ¿esa imposición social de la "familia", como una terrible condena del destino, o que haya personas que no puedan cumplir honesta y genuinamente con esa labor que nos da Dios?
La mujer más pequeña del mundo. Deliciosa miniatura sobre el hallazgo de una aborigen africana muy pequeña, y las distintas reacciones que genera este descubrimiento.
Los lazos de familia. También, otro delicioso cuento sobre un día en la vida de un joven matrimonio y su hijo. Lo que hay oculto, lo que se hace por encima. 
Misterio en Sao Cristovao. Seductor y sugerente cuento sobre lo que sucede una noche, algo muy real pero extrañamente mágico.
El crimen del profesor de matemáticas. Sobre un profesor que abandona a un perro y se lamenta mucho por eso. Es un buen cuento pero que igual tiene eso de hacer un tornado en un vaso de agua, de personajes que se lamentan hasta el hartazgo por cosas que sólo ellos ven mientras el mundo a su alrededor sigue girando sin problemas.

La cosa se irá complicando en cuentos posteriores, pero ya estamos metidos en esto, así que a darle...

Y bueno, ¿no que sería breve? Las pelotas...

domingo, 9 de junio de 2024

Todos los cuentos, de Clarice Lispector (I)

 
Bueno, mientras voy leyendo el monstruoso y grueso tercer libro pedido a Bibliometro, he ido leyendo también, de a poco y con calma, los cuentos del presente volumen, que como bien pueden apreciar, reúne todos los cuentos de la brasileña Clarice Lispector, en un trabajo recopilativo por parte de la editorial Fondo de Cultura Económica (que tiene varias sucursales u oficinas en distintos países, lo cual no sabía: pensaba que era una editorial chilena), el cual también publicó, en tres volúmenes, todas sus novelas; y en otro, todas sus crónicas. En la Biblioteca Nacional, en su sección de préstamo a domicilio, sólo vimos estos cuentos. Si pillamos las novelas, las pedimos, obviamente. Y, por supuesto, para que comentar los 85 cuentos de este libro no sea una tarea muy superficial ni cansina, decidí dividir Todos los cuentos en la cantidad de posts que salgan, así entramos en un poco más de detalles, ¿qué les parece?


Bien, bien, lo primero que comentaremos de este libro es, como pueden notar, sus Primeras Historias, cuentos escritos mientras Clarice Lispector aún estaba en la universidad, cuentos escritos antes de que fuera publicada su primera novela, cuya recepción la puso de inmediato en el mapa literario. Recuerdo que cuando escribía regularmente en Cine en tu cara, tenía un cuadernito en donde anotaba apuntes de las películas que veía, las ideas que me surgían sobre qué iba a decir o no, lo que me llamó la atención, y luego escribía los posts en base a  esos apuntes. Debería retomar esa costumbre, siento que me vendría bien ahora, porque estas primeras historias, aunque escritas en su juventud, no dejan de presentar interesantes y prometedores hallazgos, características, cualidades. Identifico varias (espero que no se me olvide ninguna):

Primero que todo, a excepción de El delirio y Dos borrachos más, es natural que los cuentos ahonden en las personalidades, naturalezas, psicologías y sentimientos femeninos. Los sueños, las frustraciones, las aspiraciones y las decepciones sobre todo orden de cosas: el amor, los hombres, el trabajo, la sociedad, la existencia de la mujer en la esfera pública y privada. Con una mezcla de ternura y fiera ironía, de entusiasmo y de pesimismo, Lispector construye personajes y espacios, historias a fin de cuentas, en donde está latente y patente ese perpetuo conflicto entre lo que una mujer "debe ser" y lo que realmente quiere ser: más que sólo una amante, o una madre, o una ama de casa confinada a los límites de su hogar, entendido como algo físico o moral. Gracias a su aguda observación, y a su mejor manera de trasladar dichas observaciones en su escritura, Lispector, de manera orgánica y perfectamente coherente, elabora elegantes y sutiles gritos generacionales y feministas, desde la belleza y la inteligencia más que desde la guerra, por así decirlo. No hay ánimo beligerante; esa ironía apunta a un orden de cosas que es como un manto maldito que cubre a hombres y mujeres, aunque las segundas sean las más afectadas. No deja de ser revelador que Lispector muestre a personajes masculinos tan asfixiados y atrapados por ese "orden de cosas" como a sus protagonistas mujeres.
Lo que nos lleva a lo segundo, pues en estos cuentos vemos el profundo carácter iconoclasta y, hasta cierto punto, anárquico de Lispector: sus cuentos son un canto a la libertad, al sueño de la libertad individual en una sociedad tan anquilosante y predeterminada. Una sociedad rígida, que aprisiona y aprieta hasta hacernos explotar. No siempre se puede, a veces el flujo de la corrección es demasiado fuerte, pero los personajes de Lispector luchan, a su manera, contra el maldito orden establecido, sea el que sea: mujeres buscando liberarse del dominio masculino; personajes que quieren sacudirse las amarras de la cárcel sentimental o amorosa, o de la cárcel social o familiar, o de la cárcel profesional o existencial. Lo que buscan sus personajes es independencia, y Lispector describe perfectamente las distintas cárceles en que caemos, describe perfectamente la lucha, infructuosa o no, que emprenden para poder respirar y sentir el mundo con un poco más de esa ansiada libertad.
Tercero, y siempre relacionado a lo anterior, Lispector tiene una forma sugerente y evocadora de construir mundos internos, existenciales y psicológicos, que corren paralelos al mundo exterior, con sus propios conflictos. La lucha interna es diferente de la lucha externa, aunque se entremezclen regularmente. A través de un lenguaje no frío, pero sí distanciado, de aguda y elegante observadora, Lispector puede escribir tan naturalmente sobre una cena familiar o una escena en algún restaurante, como hablarte de sueños, escenas oníricas y surreales, adentrarte en los recovecos del alma de sus personajes. Lispector, sabiamente, y quién sabe hasta qué punto esta forma de escribir era algo calculado y pensado o meramente intuitivo (dada la juventud con que fueron escritas), tiene una prosa que escribe de la misma manera tanto las escenas realistas como las oníricas o psicológicas, gran acierto en mi opinión eso de no romantizar o intelectualizar un mundo por sobre otro, habida cuenta de que ambos planos son igualmente importantes para la vida de un individuo. Las flores que ven y huelen en sus sueños tienen tanto peso como las flores de verdad: una flor es una flor. Lo simbólico es lo figurativo. Lo complejo es sencillo y lo sencillo es complejo. Hay capas y capas de realidad, y Lispector nos da acceso a cada una de ellas.
Cuarto y final, Lispector nos dice que hay que disfrutar la vida. O mejor dicho: saber disfrutar la vida. ¿Cómo? Sus personajes intentarán iluminarnos. No siempre es sencillo y quizás de ahí, de ese problema, surjan todos los demás líos.

Entonces, brevemente:
El triunfo trata sobre el proceso de una mujer que sufre luego de una ruptura amorosa con un hombre al que idealiza e idolatra. Sin embargo, su nuevo estatus la obligará a replantearse como persona, lo que es la soledad, a cómo enfrentar la vida, y quizás termine por apreciar las cosas como están...
Obsesión, el más largo de esta primera parte, es la historia del despertar intelectual y espiritual de una mujer felizmente casada, cuya sencilla vida íntima y familiar burguesa, sin sobresaltos ni cuestionamientos existenciales, se ve alterada cuando se enamora de un solitario sujeto que lo cuestiona todo, que todo lo somete a una rabiosa y singular mirada crítico-filosófica. La protagonista, más inteligente de lo que ella misma sabe, se adentra en un oscuro camino en el que finalmente encontrará su propio sendero individual, ya que ni lo uno ni lo otro le hace sentido y a veces, simplemente, hay que emanciparse de cualquier cosa que tenga el rancio tufo a autoridad.
El delirio, con un hombre de protagonista, nos cuenta, básicamente, eso: el tipo está resfriado, con gripe quizás, y el mundo que lo rodea se mezcla con el mundo imaginativo de su mente, que puede que adquiera dimensiones más tangibles de las esperadas.
Jimmy y yo. El más divertido de todos. Con ingenua, tierna y furiosa ironía, Lispector nos cuenta el primer noviazgo de una muchacha universitaria, una experiencia tan confusa y contradictoria porque, claramente, el mundo de los hombres sigue reglas que nadie puede entender o seguir: lo que afirma el tal Jimmy solo vale si lo hace él, pero si lo hace ella, entonces la teoría está mal... No sé, mejor léanlo, es una verdadera e inteligentísima miniatura humorística.
Historia interrumpida nuevamente nos pone en la piel de una muchacha que busca la mejor manera de formalizar su relación con su novio, melancólico sujeto que también parece tener una cosmovisión pesimista que choca frontalmente con el entusiasmo juvenil de su protagonista. ¿Cómo terminará todo esto una vez la protagonista encuentre la manera de enfrentarse a su novio?
La fuga. Una mujer se arma de valor y huye de todo aquello que la sofoca. No es un camino fácil, pero es un camino inspirador. ¿Llegará al final, podrá consumar su fuga?
Rato. Una mujer debe reunirse con su marido en un restaurante. El hombre se demora, y toda clase de escenarios pasan por su mente. Tanto La fuga como Rato tienen, aparte de la encantadora construcción psicológica, un tenso in crescendo que culmina en sorpresivas escenas.
Cartas a Hermengardo. La protagonista le escribe cartas a un hombre del que está enamorada. En dichas cartas vierte su mundo interior, además de su particular visión filosófica en torno al goce de las pasiones y esas cosas. Curioso y entretenido compendio de historias y teorías, no tiene desperdicio.
Gertrudes pide un consejo. Se repiten ciertos motivos vistos en cuentos anteriores. La protagonista es una niña con profundas cuitas existenciales que acude a una de esas consejeras de revista para pedir ayuda y soluciones. Acá vemos el valor de la individualidad, cierta crítica social e ideas sobre lo que es disfrutar la vida como tal. Tiene un carácter como incompleto...
Dos borrachos más. Otra pieza francamente humorística sobre dos borrachos, diametralmente opuestos entre sí (uno parco en palabras e inteligencia, de baja estofa social, y el otro un burgués aquejado de problemas menos prácticos que imaginativos o teóricos), que tienen una hilarante conversación acodados a la barra de un restaurante.

Finalmente, la tradición de siempre: ver la tarjeta final con todos los préstamos del ejemplar pedido. Todos los cuentos debió llegar este año y soy la tercera persona que lo pide prestado. Primero alguien lo pidió en febrero, luego alguien en marzo, y ahora yo, en junio. Ojalá mas personas sigan leyendo a Clarice Lispector, gran escritora, gran cuentista. Esperemos llegar a sus novelas alguna vez.