"LAS GRANDES PASIONES SON ENFERMEDADES INCURABLES"
-Goethe

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lunes, 22 de septiembre de 2025

El hombre en el castillo, de Philip K. Dick

 

Bibliometro #125. Lento pero seguro continuamos adentrándonos en la obra de Philip K. Dick, uno de los escritores más singulares no sólo de la ciencia ficción sino que de la literatura en general, y esto lo digo con todo el atrevimiento de mi ignorancia. Ya no hay más libros suyos en Bibliometro, con El hombre en el castillo, uno de sus títulos más conocidos (y que fue adaptada en una serie para Amazon que cuenta nada menos que con cuatro temporadas, cuarenta episodios en total, y eso que la novela no alcanza las trescientas páginas), hemos pedido todo lo que esta red tiene a disposición, sin embargo aún nos queda la BDS y algunas cositas que compré durante mis tiempos de bartender explotado, es decir cuando tenía dinero.

Bueno, los libros de Dick nunca son completamente lo que parecen, y eso es bueno. La suya es una ciencia ficción tan especulativa (en el buen sentido: el de la creatividad, el de la libre fabulación, el de la invención pura aunque no del todo descabellada pero sí delirante) como arraigada y enraizada no sólo en el presente y sus dimensiones (sociales, políticas, etc.), sino que también en la abismante interioridad humana, ya sea su mente ya sea su espíritu. Una ciencia ficción menos tecnológica o fantástica que conceptual y experimental, incluso psicológica. El mismo Dick se ha explayado al respecto al dar su definición de ciencia ficción. No es de sorprender que algunas de sus historias parezcan transcurrir en el presente, con personajes que hablan y viven como lo harían en la época presente (que pueden ser las décadas en las que el autor las escribió, que pueden ser las décadas en las que nosotros las leemos, porque he acá otra reflexión: nuestro mundo es ciencia ficción comparado con el de los sesenta, pero, en esencia, a nivel humano, ¿cuál es la gran diferencia?), aunque sus contextos sean muy o poco demenciales. Las novelas de Dick, al menos las que hemos leído, con todo lo "ciencia-ficciosas" que puedan ser, son historias o relatos o narraciones sobre dramas personales, colectivos, mezclados con complejos entramados experimentales-conceptuales. A veces pienso que una novela de Dick es como una novela que alguien escribe en el futuro, pero que escribe considerándolo su presente. Imaginen una novela contemporánea escrita por alguien en Tokio o alguna otra ciudad híper tecnológica e híper estilizada, para mas inri una novela que trate sobre internet y computadores y realidades virtuales contrapuestas con la naturaleza humana y la estabilidad mental de personas de carne y hueso abrasadas por el frenesí cibernético, que de algún modo va a caer a manos de alguien en los sesenta o setenta, y tienen una novela de Dick: algunos quedarán deslumbrados por la imaginación al crear esos edificios, esas tecnologías, otros pondrán más atención al drama humano que desarrolle dicha novela.

Todo esto lo digo, además de sin tener mucha idea de si de algo sirve, porque El hombre en el castillo no es para nada lo que parece y su premisa podría inducirles a pensar en un tipo de novela que, finalmente, no es, por lo que es buena idea prevenirlos. Resulta que tenemos entre manos una ucronía: la historia se bifurcó de la nuestra y, en la Segunda Guerra Mundial, los nazis, los italianos y los japoneses no fueron derrotados, es decir triunfaron y el mundo entero es regido por la mano dura de dichos regímenes. Uno de los grandes perdedores es Estados Unidos, cuyo territorio es ocupado y dividido: Japón se queda con una buena porción de la costa oeste, el lado que da al pacífico; los nazis se quedan, desde luego, con el sur; casi toda la llanura central se independizó, ni siquiera se llama Estados Unidos; y lo poco que queda de Estados Unidos como tal, títere no oficial de los nazis, abarca la costa este, de Nueva York para el norte. Y como los nazis son los grandes triunfadores del orden mundial, desde luego que la tecnología también avanza de otro modo más acelerado, a fin de cuentas el frenético delirio amoral e inhumano de los experimentos nazis conduce a resultados más rápidos y reveladores. Pero no es una novela con ecos bélicos, de espías, de complots internacionales, etc., aunque tenga de ello. El hombre en el castillo es una novela profunda y esencialmente espiritual, incluso mística, metafísica a su modo. Todo lo anterior es tan sólo un contexto, para nada gratuito ni intercambiable, claro, pero esperen una novela de trama, porque casi no tiene trama, prácticamente no la tiene y aquello que podríamos hacer pasar por trama es en realidad un mecanismo deliberadamente secundario y aparente: las acciones y los encuentros en que se involucran los personajes son, en realidad, un modo para empujarlos al verdadero conflicto que propone este libro: la lucha interna, la lucha filosófica, la lucha espiritual. Y que la especulación ucrónica de este escenario tan devastador es la manifestación más descarnada de dicha lucha espiritual.

¿Qué quiero decir con esto? Bueno, en primer lugar, Dick, sin solazarse en excesivos y minuciosos detalles, sí nos describe cómo es la vida pública y privada en este mundo nazificado. Obviamente hace gala de su genial capacidad de observación y especulación, y resulta interesante, atractivo, las similitudes y diferencias con que se desarrollan las cosas en la novela con respecto a nuestra realidad. Pero, más allá de consideraciones prácticas y políticas (obviamente, entre otras cosas, se ha institucionalizado el racismo y el estado de derecho es una ilusión al igual que las instituciones democráticas en las que tanto confiamos), el zeitgeist de esta novela es más bien moral: se vive en un mundo brutal, inhumano, malvado y perverso. Puede que a nivel de calle no veas atrocidades, pero sabes que están ocurriendo. Siempre pasan cosas malas, nunca nos enteramos, pero es lo que pasa cuando los malos ganan: es como si todo, de facto, se pudriera, porque el triunfo del mal es la admisión de que el sol y su luz, su calor, ya no existen; cuando ganan los buenos, impera la alegría y el optimismo, triunfando moralmente sobre el mal incluso aunque siga existiendo la muerte, la injusticia. En este ambiguo clima cotidiano, nuestros personajes, al menos los más importantes, son: un servil y complaciente vendedor de antigüedades estadounidenses "nativas" (no de los indios necesariamente, pero sí muebles o cuadros o lo que sea confeccionado por gente blanca antes de la derrota) que siente la misma vergüenza, humillación e impotencia que sentiría un japonés en el Japón ocupado por los gringos; un judío que comienza a falsificar joyas luego de quedarse sin empleo y que vive en un profundo estado de atonía y vacío existencial; un japonés de los altos mandos que se ve involucrado en una trama de espionaje y cuya visión de mundo se desmorona cuando las cosas se ponen violentas; una mujer solitaria llamada Juliana que se enamora de un misterioso camionero y cuya rutinaria soledad en realidad esconde una especie de cobardía vital; y el espía que llega a San Francisco para cumplir con su misión, un hombre más bien pragmático que, sin embargo, no deja de cuestionarse la utilidad (o futilidad) de sus acciones en un mundo aparentemente devorado por la auto-destrucción. Y, en fuera de campo, hay un libro dando vueltas, libro escandaloso y subversivo que describe un mundo en el cual el Eje perdió (y que no es una reproducción exacta de nuestra historia, claro, aunque habría sido un guiño muy divertido por parte de Dick), cuyo autor, para protegerse de represalias, vive protegido en una especie de fortaleza de alta seguridad bautizada como El Castillo, al menos eso dicen.

La trama (la reunión que el espía debe tener con unos japoneses a fin de traspasar cierta información crucial para el devenir del mundo, y por el otro lado la aventurilla de la tal Juliana con el camionero esconde varias sorpresas), ya digo, es meramente secundaria y Dick conscientemente las desarrolla al mínimo posible, a su mínimo práctico, lo suficiente para que las acciones y los encuentros sigan avanzando sin perder tracción o cierta verosimilitud, y lo primario de dichas tramas es que actúan como catalizadores de unos personajes en conflicto consigo mismos pero, hasta entonces, reacios a enfrentarse a sí mismos, a mirarse a la cara y explorar los escarpados mundos interiores que habitan. Son personajes que, tal como el mundo, tal como la realidad en la que viven, se han resignado a existir y a aceptar ese escenario tan desolador del triunfo y dominación nazi. Se han acostumbrado a respirar un denso horror banalizado. Y, así como el libro del misterioso hombre en el castillo inquieta a las altas cúpulas nazis, de todas formas en su interior hay un pensamiento, un sentimiento, una idea que, más que una brasa moribunda, es un pequeño fuego en potencial expansión: ¿y qué pasaría si el mundo no fuera así, si yo me negara a darle la mano a esta realidad tan nefasta, si me rebelara y le diera vida a mis viejos ideales? De este modo, la sucinta trama desarrollada es el reflejo de ello: la creciente determinación a hacerle frente al horror, a decir ¡esto es suficiente!, intentar cambiar el rumbo de la historia aunque sólo seas tú quien se dé cuenta al inicio: toda avalancha comienza con una bolita de nieve. De este modo, el escenario de la ocupación nazi es el modo en que Dick reflexiona y explora sobre la naturaleza del mal, sobre la espiritualidad individual y colectiva, y cada personaje representa un aspecto, un ámbito diferente de esta exploración y reflexión. No hay grandes enfrentamientos o triunfos, pero hay catarsis, hay crisis internas e íntimas, que acaso sean los prismas primordiales de todo cambio a mayor escala; y no esperen un ritmo frenético de acontecimientos ni clímaxs intensos, al contrario, la prosa y narración de Dick son anticlimáticas, elegíacas, introspectivas, un fluir de acciones "interiores".

Yo, en lo personal, no me sentí muy entusiasmado con esta novela. La entiendo, al menos por encima, comprendo lo que el autor quería desarrollar, pero no me ha llegado mucho aunque valoro su valentía y atrevimiento y, claro, las muchas reflexiones e ideas que comparte a través de los personajes. En estos ejercicios tan deliciosos como inútiles que me gusta hacer, de repente me hizo pensar: ¿Cómo hubiera sido esta novela escrita por Camus, y cómo habría quedado La peste escrita por Dick? Si han leído ambos libros, jueguen a ello, las similitudes no son pocas y sí son prometedoras. Supongo que, a grandes rasgos, los mismos reproches que le hice a La peste se pueden aplicara  El hombre en el castillo, pero la de Dick tiene personajes menos sustanciales (el del japonés y el del vendedor, quizás, tengan mayor peso, incluso el espía) y, no obstante lo consciente y deliberado del "minimalismo" de su trama en tanto mecanismo dramático, sí debo decir que es muy minimalista y que, a pesar de cierta cercanía y naturalidad  con que Dick describe a los personajes y sus diálogos, sus movimientos, es difícil implicarse a fondo con sus conflictos internos, que quedan como lúcidas e inteligentes reflexiones con momentáneos quiebres y crisis. En Fluyan mis lágrimas, dijo el policía o Ubik, por ejemplo, Dick logra lo mismo pero mejor, de manera más redonda: te arma una trama, un argumento delirante y atractivo, pero también desarrolla y explora profundamente el alma, la mente, la espiritualidad de sus personajes y de la realidad en la que viven, esos futuros delirantes pero creíbles, como espejos deformantes pero fidedignos de males del presente.

Como sea, me he alargado mucho, pero me alegro en cierto modo porque demuestra el encanto de Dick. Antes de despedirme, me gustaría reflexionar sobre el final del libro, pero como tiene spoilers, avisados quedan de no seguir leyendo si no conocen el libro: SPOILERS/SPOILERS/SPOILERS/SPOILERS... ¿Dejaron de leer? Muy bien, vamos: resulta que el camionero con la que viajaba la tal Juliana era un nazi cuya misión consistía en matar al escritor de ese libro tan loco. Juliana, que no estaba enterada al inicio, al enterarse por torpeza del nazi lo mata y corre a advertirle al escritor de que su cabeza es deseada por los nazis. Lo encuentra y resulta que el escritor no vive en un castillo amurallado, sino que en una típica casita suburbana gringa. Luego de esa sorpresa, Juliana entabla conversación con él y quiere saber cómo escribió el libro, cómo se le ocurrió, porque el libro está escrito de manera tan especial, que casi no parece humano. El escritor admite que él no escribió nada, que tan sólo transcribió las respuestas que el I Ching le daba a sus preguntas, lo cual es otra sorpresa, pero la sorpresa mayor, la bomba, cae de inmediato: ¿No será entonces una paradoja?, porque todo lo que el I Ching responde es la verdad, lo que quiere decir que la novela es real, que el Eje, en efecto, perdió. ¿Cómo se explica entonces todo lo que tienen a su alrededor, la dominación social y política nazi? Para esto no hay respuesta, Juliana tan sólo se va de la casa del escritor y la novela termina. No he dejado de pensar al respecto. Es fácil ceder a la tentación de decir que estamos ante otro de esos delirios paranoicos de Dick en donde la realidad no es la que se muestra, la que te dicen, que vives en cierto tipo de alucinación o simulación, como si la ucronía de la novela fuera una partida de rol y la novela del hombre en el castillo fuera el talismán que te permite ganarle a los otros y escapar. En mi opinión, dándole vueltas al final, pienso que tiene que ver con eso del conflicto interno, espiritual, existencial, filosófico del que tanto hemos hablado: que algo sea real no quiere decir que esté materializado, es decir, la dominación nazi, en esta novela, es real, pero no está tallada en piedra: existe la posibilidad de que otra realidad sea posible, si se acepta la existencia de esa otra realidad, entonces no es imposible que pueda materializarse de algún modo. En otras palabras, el mal no es invencible. Pero tienes que creer y tener fe en ello.

En fin, terminemos. Prevenidos quedan, El hombre en el castillo no es la novela que de seguro piensan que es, pero no es una mala novela, tan sólo una novela sumamente extraña, singular y demoledora a su poético modo. Dick es un poeta loco y delirante, pero poeta al fin y al cabo. El hombre en el castillo no me ha entusiasmado o gustado mucho, pero su lectura es innegablemente valiosa, importante e imprescindible: otro tipo de ciencia ficción es posible, parece decirnos. ¿Y la serie? Dudo que sea una adaptación espiritual e intelectualmente fiel, dudo que adapte el alma de esta novela, de seguro a lo largo de sus cuarenta episodios se enfoca en el aspecto grandilocuente, el de los complots internacionales, espías, guerras silenciosas, etc. ¿Alguien la ha visto?

Un libro nuevecito de paquete, eso es todo lo que se ve en esta ficha bibliográfica bibliometrina: soy el único préstamo de momento. ¿Qué más podemos decir? ¿Cómo creen que habrá salido la serie de Amazon?

lunes, 14 de abril de 2025

Nick y el Glimmung, de Philip K. Dick

 

Bibliometro #96. Tres novelas del gran Philip K. Dick hemos comentado por estos lares y siempre vamos a mantenernos atentos, ojo avizor, a cualquier otro libro suyo que aparezca y pueda caer temporalmente en nuestras manos ávidas. No pensé que el próximo libro sería Nick y el Glimmung, única novela juvenil del escritor californiano, porque parecía un título algo rebuscado o poco conocido dentro de su obra, pero oigan, si es de Philip K. Dick debe ser bueno. Y lo es. Y más encima su lectura cayó en el domingo de esa pesada semana en donde acumulamos puras lecturas cansinas y decepcionantes, por lo que ha sido un necesario soplo de aire fresco, una refrescante y motivadora palmadita en la espalda.


Será una novela juvenil, es decir será una novela más ligera y desenfadada que lo usual, pero sigue siendo una buena novela que despliega cada una de las mejores características de la vibrante literatura y alucinante y mordaz imaginación de Philip K. Dick, partiendo por la completa y genial desfachatez con que te sitúa sin previo aviso en mundos/futuros desquiciados pero normalizados, ilógicos pero salvados y delimitados por la costumbre y la rutina. El contexto en Nick y el Glimmung es que el planeta Tierra está superpoblado, con todos los problemas que ello acarrea: hacinamiento espacial, escasez de alimentos y otras graves dificultades administrativas como por ejemplo la falta de trabajo y la sobra de trabajadores, literalmente no hay trabajo en este planeta Tierra, y como hay muy poca comida, se han prohibido las mascotas con el fin de hacer más eficaz el consumo alimenticio. Lo genial, lo brillante es que, por más "absurdo" y alocado que sea este futuro, sigue ofreciendo una imagen o un retrato terriblemente exacta y fidedigna, vigente, de los problemas actuales que seguramente Dick observaba y vaticinaba en su tiempo y que nosotros, a todas luces, también podemos observar y vaticinar hoy, aparte de hacerlo con un corrosivo sentido del humor, esa capacidad satírica suya, una ironía que muchos, en especial en estos tiempos tan delicados y ofendidos, no serán capaces de encajar con distancia crítica.
Por ejemplo lo del trabajo, lo de que falta trabajo: en el futuro que Dick nos pinta es un privilegio tener trabajo y, curiosamente, se da el caso que los que más trabajan, más tienen, los que más se mueven son los que más reciben, mientras que hoy si te partes el lomo a la orden de tus jefes como recompensa recibes tremenda factura hospitalaria y buena suerte, amigo mío, porque con esa espalda deslomada debemos prescindir de tus servicios, fue un gusto, y en tal situación es poco menos que una broma de mal gusto que te digan "pero si apenas llegas a fin de mes es porque de seguro no trabajas lo suficiente, pos amigo". En este futuro, parece que tal fórmula funciona sistemáticamente. Todo esto, por lo demás, se ve escenificado y expresado o "mostrado" con total habilidad y maestría narrativa, pues uno se va enterando de las cosas a medida que ocurren y no a través de planas exposiciones: en lugar de que un personaje diserte, para el lector, cosas que todos ellos dentro de su mundo interno ya saben (y que por ende no sería necesario disertar los detalles de nuevo), Dick narra y levanta su mundo a través de las acciones, de la trama misma, y de diálogos velada y sabiamente informativos, más centrados en el carácter y personalidad de los personajes, por supuesto, pero aún así dándonos detalles importantes para situarnos bien sin caer en la mencionada exposición burda y simplona. Siempre me ha gustado que en las novelas de Dick hay que leer entre líneas, o mejor dicho "escuchar" entre líneas cuando sus personajes hablan y reflexionan. Sumen a ello que no por ser una novela juvenil Dick se corta al momento de verter su fascinante, alucinante y crítica visión filosófica del hombre y su naturaleza, del ambiguo tejido de la realidad (en especial cuando hay tantas realidades, partiendo por la separación entre la física y virtual), de la humanidad y sus cualidades cada vez más difuminadas, de la sociedad y su caos inherente, del sentido y del ser como cuestiones tan esenciales como esquivas, de las tecnologías ¿bendición o maldición?, en fin, ya saben a que me refiero si conocen la obra de este autor. Es increíble la cantidad de contenido, información y preguntas, cuestionamientos, reflexiones, que Dick plantea con esa descarada naturalidad: es una novela juvenil, pero para nada, en lo absoluto, light.
Como sea, la cosa es que Nick y su familia encuentran un gato, y como está prohibido tener mascotas en la Tierra, la familia Graham decide irse a vivir a una de las colonias del espacio exterior, arribando a un planeta de geografías alucinantes, de criaturas llamativas y escenario de un conflicto histórico entre sus habitantes extraterrestres, conflicto del que Nick formará parte a su pesar, transformándose en un entretenidísimo relato de aventura lleno de buenos personajes y buenas tramas, escrito y narrado con agilidad y con claridad, todo lo contrario de, por ejemplo, ese infumable y pesado y pomposo libro que es El Pistolero (La Torre Oscura 1). Acá, Dick, con dos o tres trazos te pinta un planeta rico y vivo, palpitante en sus colores, texturas, distancias y magnitudes... Los personajes y sus diálogos gozan de fluidez aunque sin perder sus singulares modos de expresarse de acuerdo a la raza de cada criatura, en vez de la empalagosa y ostentosa jerga/simbología interna del Mundo Medio de King. ¡Y todo esto en unas 120 páginas nada más! Todo un sustancioso futuro, ¡en dos planetas!, rebosante de su propia línea de tiempo tan coherente y verosímil como delirante, en poco más de 100 páginas. Realmente magistral, qué les digo, toda una gozada de ciencia ficción, aventura y fantasía. Y atención a su final, a esa intensa escena final que acaso resuman un poco la filosofía de Dick: ¿Quién soy, como me reconozco/reconocen? Ahí lo dejamos...
Después de una semana leyendo pomposos y pesados libros como La Torre Oscura 1 y ese ridículo díptico infernal de Palahniuk (y el correcto aunque decepcionante libro de Mikio Kawakami), leerme Nick y el Glimmung ha sido toda una bendición de domingo. Esta novela es una recomendación asegurada, y si resulta que por acá llegan a leerme padres y madres, entonces es también una perfecta recomendación para sus bebés: es literatura de calidad y además la perfecta manera para iniciarse con ese gran y desbordante escritor que es Philip fucKing Dick. 


Hemos hecho debutar este ejemplar bibliometrusco, no hay mucho más que señalar, salvo dejar el genuino deseo de que a Nick y el Glimmung le lleguen muchas lecturas de ahora en adelante.

jueves, 30 de enero de 2025

Ubik, de Philip K. Dick

 

Biblioteca Nacional S12E03. Otro ciclo que se cierra, otra temporada de la B.N.P.D. que llega a su fin. No me había percatado de que en sus estantes tenían a Philip K. Dick, y cuando además vi que es Ubik, me apresuré a pedirlo de inmediato porque algo en esta novela me llamaba poderosamente. Y vaya que es toda una experiencia esta lectura, oh sí.


La escritura de Dick en Ubik es vibrante, y libre, no se me ocurre otra palabra. Es su novela más redonda, al menos en cuanto al desarrollo y sobre todo la conclusión del argumento, de la trama (algo en lo que el genial escritor californiano tropezaba en las otras dos novelas suyas comentadas, el famoso acto final), que alcanza cotas de demencia estimulantes y eléctricas. Me gusta más el halo poético y la atmósfera elegíaca, lírica, de Fluyan mis lagrimas..., esos personajes tan complejos y hondos, esa construcción de mundo tan vívida, pero Ubik es una novela magistral y magnífica, sensacional y cualquier otro adjetivo que se les ocurra: es una experiencia adrenalínica, intensa, desquiciada, apabullante, un laberíntico descenso hacia los confines de la cordura y de la realidad en donde no se puede confiar en nada, la famosa paranoia respirando en la nuca del lector, de los personajes, de cada aspecto de esta historia que es lo que aparenta a la vez que no, a la vez que es cada elemento que lo compone o nada en lo absoluto. Es una novela tan suicida y esquizoide como lúcida y vitalista, cuya narración parece oscilar entre la consciente autodestrucción y la, digamos, salvación o resguardo de todo agente aniquilador. 
En Ubik, Dick vierte toda su ingente e ingeniosa capacidad fabuladora para ir empujando la trama hasta los límites de su propia realidad, pero también es un complejo, más de lo que parece, retrato o incluso denuncia del desquiciado y absurdo estado de cosas del presente (el del escritor, el de nosotros también por supuesto: tal es la capacidad, el talento visionario de Dick), de la sociedad estadounidense, del sistema capitalista, inhumano y utilitarista. El futuro que nos pinta Dick es un futuro altamente comercializado en el cual todo tiene precio, incluso tener que abrir la puerta de tu departamento o de tu refrigerador. Y eso para empezar, pero que da buena cuenta de cuán artificial se ha convertido la vida humana, de cuánto se ha desvirtuado su naturaleza, tanto a nivel orgánico o físico como espiritual, nada se salva, todo está controlado y economizado por los poderosos, como dijimos, desde los más pequeños gestos cotidianos hasta el supuesto más allá, la semivida que se le llama, en donde la actividad cerebral de los muertos es mantenido en un cierto nivel de vitalidad para que pueda seguir comunicándose con el mundo real de carne y hueso que aún no puede despedirse de sus restos, que necesita esa simulación o parodia de "semi-vida" para soslayar, en un intento de olvidar, que la muerte existe, que es inevitable y que ni todo el dinero del mundo puede frenar su fuerza púrpura. Y más: tus pensamientos, tu privacidad a merced de los telépatas; el mismo flujo temporal, con los precos adelantándose al común de los humanos, todas habilidades utilizadas en espionajes corporativos y publicitarios. No es un futuro muy atractivo que digamos, la sociedad es un órgano saturado  y sobrecalentado, y sus ciudadanos meras partículas perdidas dentro del caótico fluir de la sangre...
Pero esperen un minuto, ¿acaso no les he dicho de qué trata esta novela? Ja, ja... Bueno, en términos argumentales, digamos que, a ver, Ubik nos cuenta la historia de un grupo de personas que trabajan en una agencia anti-poderes mentales, cuyo mayor enemigo es una organización criminal de gente con dichos poderes, desde el dueño de la agencia, pasando por un técnico brillante en su trabajo pero bastante dejado en el aspecto personal, hasta los propios telépatas y precos que trabajan para el dueño en pos del justo y equitativo bien común, todos quienes viajan a una colonia lunar para llevar a cabo un sospechoso trabajo encomendado por un magnate tecnológico (me fue inevitable imaginarme a este magnate como un Elon Musk... I am not a pat of an Elon agenda). Este trabajo será el inicio de un alucinante y pesadillesco viaje del que intentarán escapar como puedan.
De todas formas mejor se los dejo a ustedes, qué saco con entrar mucho en detalles, ja, ja. Sólo quiero constatar que Ubik es un inteligente y polisémico delirio tanto en su argumento como en la visión del mundo, de la sociedad y de los humanos que construye tan detallada y casi desenfadada o festivamente. Aunque de fondo, latente, está esa existencial decepción de Dick, rabiosa y poética, que en este caso toma forma de intenso thriller. Como sea, no se pierdan esta lectura, es una absoluta genialidad que los atrapará desde su primera palabra y que con la última, ¡boom!, les volará la cabeza aún más. Quedan advertidos.


La tradición republicana de todo préstamo está en marcha. Es tradición revisar la ficha bibliográfica; no es tradición clamar a los cuatro vientos al inicio de esta tradicional sección que estamos ante la tradición republicana de todo préstamo. Hay una diferencia, claro. Como sea, tenemos que Ubik es un libro de existencia antigua en la B.N.P.D. y que además ha sido prestado en gran cantidad de ocasiones, en concreto 28 veces en poco más de quince años, siendo el lejano 2010 su año de gloria, un año en el que yo estaba saliendo del colegio, ¿se imaginan? En estos nuevos locos años veinte Ubik ha sido pedido en tres ocasiones, vaya contraste, ¿no?

jueves, 19 de diciembre de 2024

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick


Bibliometro #63. Muy bien, tenemos entre manos ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, la novela del gran y genial Philip K. Dick que fue adaptada al cine con el nombre de "Blade Runner" para convertirse en uno de esos grandes clásicos cinematográficos de todos los tiempos. Hace poco comentábamos Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, así que aprovechando el impulso nos pedimos este otro libro del escritor estadounidense.


Me ha gustado este libro y he podido apreciar aún más la adaptación cinematográfica, pues son varias las diferencias entre ambas obras, sin embargo lo medular y sustancial está ahí, presente, no obstante ciertos cambios y licencias argumentales y narrativas. En esta ocasión, empero, no haremos ese juego de comparaciones como lo hicimos cuando comentamos El resplandor, la novela de King, y aprovechamos de hablar un poquitito de la película de Kubrick.
De todas formas la premisa ya deben conocerla: en un futuro bastante desolado en el cual la tierra está relativamente desocupada debido a las colonizaciones humanas en distintos cuerpos celestes del espacio exterior (debido a su vez a un polvo tóxico que emanaba de la tierra misma, desde sus entrañas), Rick Deckard es un cazarrecompensas al servicio de la policía, encargado de aniquilar y finiquitar androides infiltrados en el planeta tierra. En esta ocasión debe eliminar ocho peligrosos androides que andan pululando por la ciudad, peligrosos por ser el último modelo fabricado a la fecha, de una sofisticación técnica tal que se hace difícil detectar si son, en efecto, humanos o androides, lo cual le complicará mucho el trabajo a Deckard, sobre todo a nivel filosófico y existencial.
Nuevamente podemos destacar esa atmósfera pausada, anticlimática, elegíaca, con la que Dick construye esa ciencia ficción poética, en donde impera un clima de deterioro, decadencia, una pulsión vital y universal trágica. En este escenario, si bien Dick nos cuenta una historia bastante entretenida y a veces diabólicamente intrincada (complots de grandes corporaciones, juegos mentales de percepciones y realidades alteradas, experiencias lisérgicas y demenciales), la importancia radica primordialmente en cómo los personajes lidian a nivel personal con ese futuro tan lúgubre y sombrío en el que están atrapados, porque nadie está libre, de alguna u otra forma todos los habitantes de lo que queda del planeta están ahogados en una muerte lenta y tortuosa, una forma de inexistencia deshumanizadora, razón por la cual se aferran con tanto ímpetu y desesperación a ciertos rasgos o costumbres que les recuerdan que son humanos (esa loca religión a la que casi todos parecen pertenecer, el mercerismo; el inusitado cuidado por el bienestar de los animales orgánicos), pero de todas formas, ¿qué demonios es o significa ser humano? ¿Qué es la humanidad? ¿Es una cuestión de carne y hueso y órganos? ¿Es una cuestión de consciencia y empatía? En esa duda, en esa discusión, se puede apreciar la enorme lucidez poética y filosófica de la pregunta que es también el título de esta novela. Son las grandes preguntas que nos plantea Dick, la esencia es: ¿somos capaces de reconocer nuestra propia naturaleza?, ¿somos capaces de reconocernos a nosotros mismos, ya sea como individuos o como especie?, ¿somos capaces de distinguir lo artificial de lo orgánico? En fin, muchas preguntas, muchas potenciales respuestas, he ahí la grandeza y genialidad de este autor, y hasta por ahí lo iremos dejando porque si es por eso podríamos estar farfullando ideas e hipótesis hasta el fin de los tiempos.
Lo único que le achaco, nuevamente, es la manera como apresurada y hasta indiferente con que Dick despacha el conflicto argumental. Es cierto que, como ya hemos visto, esta premisa sobre cazar androides es el macguffin para reflexionar sobre los mentados temas filosóficos, sin embargo cuando ya llega el momento del clímax y de los enfrentamientos finales la narración o escritura de Dick parece totalmente desinteresada en aprovechar la tensión y el suspenso que caracterizaban las páginas con que iniciaba y desarrollaba esta trama. Al final es como "ok solucionemos esto rápido, ¡bang bang! aquí y ¡bum bum! allá, listo adiós". Tendrán que leerlo para entenderme mejor, supongo, para no entrar en detalles, pero se nota que a esas alturas Dick ya había usado los recursos que quería para reflexionar sobre la naturaleza humana. Al final, el autor parece tan agotado como su protagonista, un Deckard que quiere que todo el asunto se acabe de una vez por todas. Es curioso porque la novela se resiente con esa energía, sin por ello afectarle demasiado tampoco.
Con todo, me sigue pareciendo un libro sumamente interesante, potente y entretenido, cuyas excelentes características no se ven echadas a perder por esa resolución menos lograda. Dick parece ser capaz de convencerte de lo que sea, y es que el futuro que nos cuenta en esta novela es tan demencial y sin embargo resulta de todas formas verosímil y creíble, precisamente porque habla de desesperación y vacío. Y cuando es demasiado el vacío, cualquier cosa llega para llenarlo. Hay que aplaudirlo por eso: por elaborar futuros que son retratos dolorosamente precisos, quirúrgicos y punzantes, del presente. A fin de cuentas, los grandes temas  filosóficos y existenciales puede "bajarse" a dilemas cotidianos, que son los que sufren sus personajes de esta y otras historias: depresión, soledad, abulia, apatía...
Recomendadísima. Para leer más de una vez, si ello llegara a ser posible.


Ocho préstamos en poco más de dos años, con una ficha bibliográfica no tan desprolija ni desordenada. Pero deberían ser nueve timbres porque si se fijan el último es para el 01 de octubre de este año, claramente mucho antes de que yo pidiera prestado este ejemplar. Para que vean, esa es la organización.

domingo, 24 de noviembre de 2024

Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, de Philip K. Dick

 

Bibliometro #55. Philip K. Dick no necesita presentación. No alcanzó a verla estrenada pero todos amamos "Blade Runner", obra maestra cinematográfica basada en una novela suya, y de ahí es cosa de buscar, de indagar, de adentrarse en su obra, prolífica obra conocida mayormente por la ciencia ficción aunque tiene por ahí novelas de corte más realistas. Como sea, primera novela de Dick que leemos en la vida, estaba esperando que llegara este momento.


Ja, ja, me quedaron desordenadas las cuatro partes de esta novela, pero bueno, qué se le puede hacer, ya nada, absolutamente nada.
Fluyan mis lágrimas... no es una magnífica o grandiosa novela, partamos por eso, pero sí tiene como un aire magistral, una pulsión de excelencia, una ambición propia de los grandes; y sí me ha gustado considerablemente y pienso que, como carta de presentación (aunque es una de las últimas novelas que publicó, o al menos está situada en el tramo final de sus publicaciones en vida), sí ha sido una novela reveladora y genial en dicho aspecto.
Primero que todo me ha gustado la construcción de mundo y la manera completamente natural y despreocupada, como distanciada, con que Dick ni siquiera nos introduce, sino que nos lanza como si nosotros supiéramos ya todos los detalles. Sin explicaciones o clases de historia previas; comenzamos a leer y ya estamos con autos voladores, un estado estrictamente policial, una historiografía previa, un ambiente o atmósfera de quieta locura (como la calma antes de la tormenta), lo cual resulta intrigante y estimulante: que no te lleven de la mano y en cambio sea uno quien deba descubrir o intuir qué clase de vida, de sociedad, es la que el autor nos propone: un mundo supravigilado, ultraconectado, semidesquiciado y definitivamente exacerbado en todos los desequilibrios que caracterizan las sociedades modernas: desigualdades, inequidades, abusos de poder, violencia y desamparo...
Segundo, esa deliciosa mezcla de realismo sucio (como dije, Dick no nos presenta el mundo con intenciones de maravillarnos o sorprendernos como a veces sucede con novelas futuristas, en plan "¡contemplad, contemplad!", más bien de su prosa destila desencanto, desilusión, hastío) con un lirismo igualmente sucio o polvoriento, una poética de la desidia existencial, la incertidumbre metafísica y el furtivo horror de las espirales sensoriales y las apariencias. Aunque pueda ser un error comparar, debo decir que leyendo este libro pude comprender bastante la atmósfera de "Blade Runner" y su puesta en escena. Esta prosa como elegíaca sobre la interminable y laberíntica búsqueda del propio ser (ese diabólico juego de verdades y falsedades humanas), envuelto en un maremágnum de ilusiones y hologramas.
Tercero, la construcción de personajes. Por pequeños que sean, llegas a conectar con ellos. Y para qué hablar de aquellos que tienen mayor protagonismo y peso argumental, dramático. Aunque esta novela fluye como una historia de argumento, cabe preguntarse y reflexionar sobre si en realidad, ni tan al fondo, es un estudio de personajes asediados por sus propias y diferentes circunstancias personales-emocionales-mentales-espirituales y socio-económicas. Un estudio de personajes, un estudio sobre el tiempo, sobre ese personaje inasible que es, no lo sé, una ciudad, un zeitgeist: el espíritu de unos tiempos locos y desorientados. En cualquier caso, son personajes al borde del colapso, como rendidos pero tampoco tanto (no se sueltan del borde del acantilado al que se sostienen), al menos esa es la impresión que dan en el trato de "tú a tú", al escucharlos y verlos caminar, reflexionar.
Cuarto, la atmósfera. Aquí no me adentraré mucho porque tiene que ver con cosas argumentales pero Dick introduce el elemento de las percepciones y de la realidad, qué es real y qué lo hace real, la realidad es un ente autónomo o es una construcción mental/sensorial, individual y/o colectiva. Qué somos nosotros como personas, como humanos: ¿somos entes autónomos o dependemos exclusivamente del soporte físico? ¿Qué hay de nuestro espíritu, de nuestra alma? Todas estas divagaciones están perpetuamente flotando en el aire de esta novela, acrecentando esa sensación paranoica y de suspenso, además de dotarlo de capas de reflexión filosófica.
En términos concretos, Fluyan mis lágrimas, dijo el policía cuenta la historia de un exitoso músico y presentador de televisión que un buen día despierta en un mugroso y pringoso hotel, sin saber cómo demonios acabó ahí, aunque lo peor es que su existencia parece haberse evaporado: nadie lo recuerda, nada puede confirmar que es quien dice ser (¿documentos? No los hay). A partir de esta premisa argumental digna de una película de Hitchcock, el protagonista hará todo lo posible para, quién sabe, recuperar su identidad o descubrir qué demonios produjo "el olvido" o, ¡al menos!, no morir en el intento, porque no será nada fácil ser un fantasma en una ciudad hipervigilada y en manos de unos burócratas policiales que sólo funcionan by the book. En el camino se cruzará con toda clase de personajes que están tan perdidos como él, aunque por diversas razones, y quizás ahí radica su salvación: que los demás están tan perdidos como él, o viceversa: que la debilidad humana es más fuerte que el más encorsetado y acerado sistema cuasi totalitario: jamás podrán gobernar en la mente, en el corazón, en el alma.
Ahora bien, ¿por qué no me parece una magnífica novela? Aunque la resolución es bien ingeniosa y tiene su punto interesante, siento que no está tan a la altura del planteamiento inicial; que como remate argumental no cierra satisfactoriamente ese inicio tan arrollador y esquizoide, casi parece una solución caída del cielo y extrañamente anticlimática (curioso en una historia de ritmo pausado y reflexivo), ciertamente repentina. Pero de todas formas, por si no se ha notado, me ha gustado y entusiasmado mucho su lectura: sus personajes y mundo, su relato a la vez pausado y trepidante (coherente y convincente), su multitud de reflexiones y planteamientos filosóficos, éticos y sociales; el grandioso rango que como escritor Philip K. Dick le otorga a una novela que en otras manos menos imaginativas y hábiles pudo ser una correcta pero olvidable novelita futurista sobre gente que huye y persigue. No tendrá el mejor cierre, pero tal como está, Fluyan mis lágrimas... me ha parecido una genialidad a su manera. Y eso es lo que vale.
Fluyan mis lágrimas, dijo el policía es un libro que les recomiendo sin duda alguna. Si no han leído nada de Dick (como era mi caso), se llevarán una gran, una excelente, una entusiasta primera impresión. Ya quiero leer más de este autor tan único.


Debo entender que desde agosto del 2023 hasta esta fecha Fluyan mis lágrimas... ha sido prestado en siete ocasiones, cinco de ellas este 2024 (su año de gloria), pero si miramos debajo de la ficha bibliográfica vemos que quedan restos de una ficha previa despegada, arrancada, arrebatada. ¿Significa eso que llevaba más tiempo en Bibliometro? Como suelo decir, porque es lo único que se puede decir en estos casos: nunca lo sabremos.