"LAS GRANDES PASIONES SON ENFERMEDADES INCURABLES"
-Goethe

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sábado, 11 de enero de 2025

Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa, de Jesús Palacios (ed.)

 

Bibliometro #71. Para mí sorpresa me encontré con que en Bibliometro hay un libro que trata sobre el eroguro: sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas. Si me hubiesen preguntado antes de leer este libro, yo les habría dicho (y puede que lo haya hecho en Cine en tu cara alguna vez, hablando de cómics) que el eroguro es una especie de corriente o estilo artístico del manga japonés (yo juraba que se circunscribía exclusivamente al manga) que mezcla lo erótico y lo gore, de ahí su nombre, y cuyo mayor y principal exponente, poco menos que inventor, es Shintaro Kago, uno de los mejores mangakas que podrán encontrarse en el panorama japonés en general. Espero algún día poder agenciarme con ejemplares físicos de algunas de sus obras y comentárselas como corresponde, porque Kago es, para mí, un genio de la narrativa y del cómic cuya propuesta artística no sólo destaca por sus dibujos en donde mezcla a la perfección lo erótico/pornográfico con el gore (su imaginación es perturbadoramente amplia, ejem, y suelo tener bastante buen estómago pero Kago es uno de los pocos que me ha hecho sudar y sentir náuseas, ahí lo dejo) sino que además suele lanzarnos de lleno dentro de fascinantes ejercicios metanarrativos y experimentales en los que Kago juega con las posibilidades del lenguaje del cómic, empujando sus límites hacia extremos nunca antes vistos, y eso se los puedo firmar. Leer Fraction, quizás su obra más conocida, es toda una voladura de mente y una revelación, capaz de subvertir todas las ideas que puedas tener sobre la narración comiquera, y si encuentran por ahí en la web algunas obras recopilatorias suyas, verán que esas miniaturas o cápsulas son pura fantástica y transgresora, pero inteligentísima, experimentación formal: el dispositivo, el formato, el soporte mismo en el que el cómic está dibujado, todo eso entra en juego. Pero estaba equivocado. En primer lugar, eroguro, en realidad, es una mezcla de erotismo, grotesco y sinsentido (o en inglés: erotism, grotesque and nonsense) y no es una corriente reciente ni adscrita solamente al manga o narrativa gráfica: sus orígenes se remontan un siglo atrás aproximadamente (más todavía si se analizan sus antecedentes) y abarca varias artes, como por ejemplo la literatura, el cine, el teatro... De eso es lo que vamos a hablar un poco ahora...

Eroguro es un libro que consta de varios ensayos, gran cantidad de ilustraciones informativas para acompañar la lectura de los distintos ensayos, además de tres cuentos, me parece que dos de ellos inéditos en español (traducidos exclusivamente para la ocasión, toda una primicia), que según el autor reflejan a la perfección lo que es el eroguro.

El primer ensayo, a cargo del editor de este volumen, no sólo es el más largo sino que también el más interesante y el más completo. Se centra especialmente en la literatura, que sería el origen concreto del eroguro, pero es en realidad un exhaustivo repaso histórico al antes, durante y después del eroguro, además de analizar también aspectos socio-culturales japoneses, o, cómo es que un país que de buenas a primeras se ve tan sereno, sensible y espiritual es también cuna de imágenes, historias y expresiones artísticas tan extremas e incómodas para una visión occidental. Así es como el autor va recabando información al respecto para llegar a la conclusión de que el eroguro es el resultado natural y hasta necesario de una compleja y profunda pulsión que estuvo latiendo a través de distintas voces, distintos artes, distintos métodos incluso siglos antes de que el eroguro fuera oficialmente acuñado. Es, insisto, un ensayo completísimo, que te hace realmente comprender no sólo el tema central, con sus claves y características temáticas y narrativas, éticas y estéticas, sino que también su contexto histórico, lo que potencia su comprensión. Y uno que no pensaba que el eroguro fuera para tanto, queda encantado. Desde luego, después analiza la era dorada del eroguro hasta que se fue apagando, para luego quedar cenizas que se irían encendiendo con el correr de los años, materia que queda a cago de los otros ensayos que abordan el eroguro en artes distintas de la literatura y, por supuesto, en años posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Luego vienen tres cuentos de autores clásicos.

El primero, El caso criminal de los baños Yanagi, de Junichiro Tanizaki, es un entretenido relato en donde un atormentado hombre acude a la oficina de un respetado y célebre abogado para contarle su alocada historia, que tiene que ver con violencia intrafamiliar, vida disoluta, apariciones fantasmales en baños públicos y un giro final tan jocoso como inesperado, coqueteando con lo sobrenatural todo el relato pero siempre con su delicioso toque de ambigüedad. Ya habíamos leído un cuento de Tanizaki en Kaiki, recopilación de historias de fantasmas que comentamos hace un par de meses creo. Fue uno de los cuentos que nos gustaron por acá y que tiene que ver con una actriz que de repente se entera de que aparece en una película que no recuerda haber filmado. Sin duda, las claves del eroguro están en esos relatos: erotismo (más sugerido que frontal, claro), lo grotesco y, desde luego, el sinsentido o lo ridículo de ambos casos.

Luego viene Un cuento a pleno sol, del ínclito Edogawa Rampo, de quien también leímos un cuento en el mismo volumen mencionado en el párrafo anterior, también una de las historias que nos gustaron bastante. En este caso la cosa es diferente y, aunque es un cuento solvente y efectivo, no es ni tan terrorífico ni tan grotesco, ni siquiera tan convincente, pues trata de un hombre medio loco, casualmente dueño de un negocio en una concurrida avenida, que le cuenta a una multitud cómo es que mató a su esposa, a la cual exhibe en el escaparate de su negocio. La gente no le cree, el narrador sí y se propone descubrirlo, comprobar si el viejo loco habla en serio. Como digo, no es la historia más creativa ni sugerente, me parece bastante inverosímil, pero como curiosidad completista tiene su gracia.

El intestino viviente, de Unno Juzo. Juzo es un autor que no habíamos leído y El intestino viviente es un cuento divertidísimo, muy interesante y bien logrado, con su toque de mala leche e ironía, además del curioso y singular punto de vista con que lleva a cabo lo extraño, lo sobrenatural: un estudiante de medicina medio loco, solitario y centrado exclusivamente en ampliar sus conocimientos medicinales para hacer experimentos cada cual más descabellado, intenta mantener con vida un intestino humano extraído de algún desafortunado cadáver. ¿Será capaz de lograr mantener con vida un órgano fuera de su anfitrión? Tendrán que enterarse ustedes mismos por su propia cuenta. Es un cuento no digamos que genial, pero casi, escrito con una mezcla de elegancia y rabiosa ironía, que culmina con uno de esos finales de antología. Imperdible sin duda.

Luego vienen más ensayos que, a diferencia del primero, son más una pedante sucesión de nombres y títulos en donde los distintos autores despliegan sus conocimientos del tema, más que hacerte comprender y compartir dichos conocimientos. Uno se centra en el eroguro en el cine, otro en el cómic y otro en el porno, y este último sería la excepción pues de verdad propone interesantes reflexiones, además de datos curiosos que contextualizan dichas reflexiones, y ojo, que en ese ensayo no se habla solamente de películas porno japonesas, el autor aprovecha de hacer un profundo y agudo análisis sociológico en torno a dicha industria y fenómeno de masas, que alcanza cotas de lucidez sobre todo cuando compara las industria pornográfica japonesa con la estadounidense y la europea: la industria como ente social, ente económico, como reflejo de la sexualidad de la población.

En resumen, un volumen regular, pero que tiene elementos interesantes que valen la pena leer, y no me refiero únicamente a los tres cuentos, también hablo del ensayo del señor Jesús Palacios y de Germán Menéndez Flórez. Si pueden, les recomiendo leer este libro, y les recomiendo que dejen sus prejuicios aparcados en algún lugar lejano. Es cierto que algunas de las imágenes de abajo puede que no le agraden a todo el mundo; que si alguna vez escucharon del porno tentacular enarquen las cejas y hasta se espanten (no los culpo), más aún si se enteran de las subcategorías que pueden encontrar en el hentai, pero no se dejen llevar por el impacto: hay mucha materia detrás de lo aparente, bajo la capa de sordidez y suciedad pueden encontrar inesperadas perlas si están dispuestos a no cerrarse. No tiene que gustarles, no se trata de eso, se trata de estar dispuesto a descubrir y conocer más de lo que ya conocen. Y este libro cumple su propósito: te aporta nuevas, amplias y ricas miradas en torno a una corriente que puede ser malinterpretada de buenas a primeras. Yo, que ya conocía algo (aunque errado) del tema, no obstante la calidad regular del conjunto, salí encantado y con una visión más amplia y sustentada, y de eso se trata todo. Atrévanse.

Sorprendentemente, Eroguro es un libro que tiene una numerosa y saludable actividad lectora, con catorce préstamos en casi tres años, lo que no es poco, más aún tomando en cuenta la clase de material que tenemos entre manos. Sin duda, deben haber hartos fanáticos del eroguro dando vueltas por las estaciones de metro. Toda una perogrullada, claro: no te imaginas la clase de gente con la que te mezclas diariamente en el metro.

martes, 24 de septiembre de 2024

Kaiki Cuentos de terror y locura

 

Bibliometro S06E01. ¡Otra temporada bibliometrense ha comenzado! Y vaya vaya, miren lo que tenemos: una colección de cuentos de terror y locura que se me apareció inesperadamente y yo me dije, aprovechemos, es una señal del destino. La editorial, merece la pena decirlo, es Quaterni, especializada en literatura oriental; un vistazo a su web te deja babeando. Es un verdadero placer leer, honestamente, ¿qué otra cosa se puede querer hacer en la vida? Saber lo que tienen que decir y contar personas de todo el mundo.


Primero que todo, Kaiki comienza con un prólogo que consiste en una breve reseña informativa sobre los doce autores que componen esta compilación, mencionando sus rasgos más destacados y sus obras más famosas. Desde luego, estos doce autores varían en fama o reconocimiento así como en cantidad bibliográfica. Hay entre medio un par de escritores malditos que murieron demasiado jóvenes, todo eso queda dicho en el prólogo. Luego de la nota de traducción y la introducción, de la que podemos destacar la definición de kaiki, "un término que sirve para definir las cosas sobrenaturales y tétricas", vienen los doce relatos:

-La lengua del diablo, por Kaita Murayama ("famoso por la vida extraña y destructiva que llevó"): Cuento escrito y/o publicado el año 1915, sorprende por lo escabroso y violento que es, además de su sórdida imaginación. Es un cuento que por lo demás me gustó un montón y que trata más o menos de lo siguiente: un hombre se hace amigo de un acaudalado y excéntrico poeta, de quien recibe un extraño telegrama que lo guía a una carta en donde le explica, con lujo de detalles, su vida plagada de desgracias y maldiciones que, más o menos, explican su extraña forma de vida. Es mejor no revelar mucho más, pero lo que se cuenta es sangriento, brutal y fatal. Juega, además, con una dulce y atractiva ambigüedad: la sugestión y la locura pueden ser más monstruosos que los verdaderos monstruos, si es que acaso existen estos.

-El demonio del cabello blanco, por Kido Okamoto. Del año 1928, tenemos una historia que igualmente juega con esa ambigüedad entre locura humana y misterios/sucesos sobrenaturales. Tenemos a un estudiante universitario alojado en una pensión en la que se hospeda también otro brillante estudiante de derecho que, sin embargo, no puede aprobar su examen final y graduarse por una singular razón: lo acosa una fantasmal mujer de cabello blanco. ¿Puede ser posible? Este hecho, de por sí intrigante, se cruza con las penurias amorosas del brillante casi abogado y la hija de la pensionista, una susceptible muchacha que no quiere ver partir a su amado. Este es un cuento bastante efectivo y solvente, un poco rutinario eso sí, pero escrito con una prosa elegante y bastante sugestiva, por lo que de todas formas genera una atmósfera de expectación que te mantiene atento a este terror de carácter más bien espiritual y contemplativo. Y menta, por qué no.

-Kaiiki: un relato de espíritus marinos, por Kyoka Izumi. Del año 1906. El mar es fuente inagotable de historias anómalas, criaturas monstruosas, misterios eternos. En este cuento tenemos a un pescador que vive con su familia en una humilde cabaña ubicada en lo alto de un risco al borde del mar. El marido se va de pesca, la mujer queda en casa cuidando de la recién nacida. Es una doble historia por así decirlo: llega un muchachito repartidor de periódicos que también trabaja de pescador y que, para limpiar su honra (tiene reputación de llorón y miedoso), le cuenta a la mujer la historia por la que es conocido, para que vea que es totalmente natural cagarse de miedo cuando algo así sucede. Esta historia contiene los elementos propios de un relato de fantasmas (marinos): la normalidad trastocada, el miedo, el clímax, la salvación por los pelos. Además está narrado por la voz del personaje, lo que le da un carácter oral o tradicional, como si te la contara un pescador en persona. Luego viene la definición dada por los editores de Kaiki: el terror y la locura, si acaso la imaginación contaminada y envenenada de miedos empuja a las personas a trágicos finales sin explicación para quienes no "vieron" lo que vio la persona afectada. El autor, como los anteriores, aunque de manera menos velada, se pregunta si mucha superstición no termina siendo así de perjudicial, si es prudente tomarse estas historias tan en serio... podrías perder más que tu cordura.

-La cara dentro de la hornilla, por Kotaro Tanaka. Del año 1934. Este cuento se decide por completo por el misterio inexplicable, por el "se encontró con una maldición porque estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado", por la fatalidad inevitable. El protagonista es un samurái que se la pasa jugando Go con un viejito al que siempre le gana. Un buen día aparece un bonzo, un monje budista errante, con quien comienza a tener partidas más competitivas. Pero el bonzo es un hombre misterioso y, por querer saber más de él, quizás el samurái vea cosas que le traerán terribles consecuencias. Este cuento alterna entre una atmósfera bien relajada y festiva con un ambiente tétrico tangencial que, poco a poco, se apodera del relato. La resolución es algo abrupta pero se entiende su carácter inusitado e intempestivo de dejar impotente al pobre humano.

-Una noche de primavera, por Ryunosuke Akutagawa. Del año 1926. El cuento más corto, es una miniatura anecdótica. Una enfermera le cuenta al protagonista algo muy raro que le pasó en un trabajo anterior, y que tiene que ver con caminar de noche y ser acosada por alguien que podría ser un simple maleante o un espíritu de manos inquietas. Una historia muy curiosa que se enfoca no tanto en lo terrorífico como atmósfera o como efecto, sino como temática a desmitificar. El autor definitivamente parece darle un toque cómico, descreído y algo desdeñoso a todo el asunto de impactarse tanto por supersticiones, lo cual parece explicarse con un final bien jocoso y no carente de tórrida malicia.

-La serpiente, por Ogai Mori. Del año 1911.Quizás el cuento menos interesante (mentira, el penúltimo es, con diferencia, el menos interesante, el "más peor") por su excesode racionalismo en los personajes, algo que nunca viene bien en relatos así, siempre debe haber un contraste, una concesión a lo inexplicable, como en el cuento anterior, burlesco y todo, pero el hecho sobrenatural en sí no se resuelve, queda en un misterio que interesa menos que su carácter lujurioso, pero queda como misterio abierto a las posibilidades al fin y al cabo. En este caso es sobre un médico hospedado en una casa regentada por una familia que siempre lo ha pasado mal porque, bueno, la gente se vuelve loca por cosas más o menos triviales (al médico le cuentan la historia familiar, entre medio hablan de cosas culturales). Es el que menor impresión me dejó y quizás lo extraño venga de una serpiente que el protagonista debe eliminar porque le causó un ataque nervioso a la esposa del dueño. ¿Fantasmas, monstruos, locura? Naranjas...

-Jimenso: El bubón con rostro humano, por Jun'ichiro Tanizaki. Del año 1919. Ciertamente uno de los que más me gustaron porque tiene que ver con el cine y con un misterio sumamente interesante. La protagonista es una actriz japonesa a la que le llega el rumor que hay una extraña y desconocida película suya siendo exhibida en cines del extrarradio de Tokio. Se nos describe cómo es la cinta, que tiene que ver con fugas, amores imposibles, maldiciones post-mortem, deformaciones corporales, espíritus malignos y rencorosos... Un filme muy terroríficamente nipón, vamos. Pero... ¿de dónde salió esa película? Y eso es lo que la actriz se propone, iniciando su fascinante investigación. Oh, claro, como toda película de terror, se dice que los espectadores experimentan inexplicables fenómenos durante el visionado, así que no hay forma de que este cuento no les interese de alguna manera, pues invoca el terror como un agente de género, el terror como algo estético y narrativo más que atmosférico o efectista.

-La momia, por Atsushi Nakajima. Del año 1942. Otro breve cuento, pero realmente entretenido del que es mejor no revelar mucho salvo que, más que terror, tiene que ver con la locura y, ojo, paradojas temporales-espirituales, si es que eso les hace sentido. Pero el cuento tiene sentido dentro de su contexto y te deja, en efecto, bien loquito. Ojo, que es sobre persas y egipcios, muy lejos del país del sol naciente.

-El infierno está en el espejo, por Rampo Edogawa. Del año 1926. Un grupo de amigos están reunidos para contarse historias insólitas, fantásticas, terroríficas. La que se nos remite es la última de la velada, y de nuevo, se caracteriza más por su carácter esquizoide, desquiciado, alocado, excéntrico. Es la historia de un singular muchacho que, desde pequeño, mostró fascinación por los espejos, fascinación que fue creciendo y adquiriendo tintes tétricos a medida que crecía y, gracias a su fortuna e inteligencia, podía dar rienda suelta a ideas cada vez más descabelladas y depravadas. Una historia curiosamente bastante lógica y racional, en tanto cada escena terrorífica (el loco tenía por costumbre crear ilusiones ópticas que podían hacerte pensar que estabas frente a un fantasma decapitado, por ejemplo) tiene su explicación, todo excepto qué demonios tenía el loco en la cabeza para terminar como terminó: aprisionado y víctima de sus invenciones. Un cuento sumamente entretenido, diabólicamente creativo. Un imperdible, pero no podía ser otra manera con el especialista de Rampo Edogawa, quizás el más conocido de los autores listados (al menos en lo que se refiere al género).

-La sombra de la muerte, por Juran Hisao. Del año 1939. Una enfermiza y desquiciada y divertida historia de amor sobre un profesor que es contratado por una excéntrica y solitaria mujer, heredera de una fortuna que le permite vivir con comodidad y tranquilidad, pero dueña de una, ejem, singular y peculiar forma de ver la vida y de comportarse, dueña de un carácter impredecible, apabullante y muy desequilibrado, en tanto le gusta jugar con las personas, someterlas a toda clase de ocurrencias, sin mencionar su crueldad para con los animales. Sin embargo, el profesor poco a poco se enamora de tan extraña muchacha y hará toda clase de cosas para demostrarle su cariño. Otro cuento que me ha gustado mucho y que además lleva hasta el extremo esto de la locura humana como el verdadero terror que se puede tener en este mundo.

-Una historia de apariciones, por Rohan Koda. Del año 1938. No es un mal cuento, seamos claros, y tiene su aquel, pero es tedioso y se alarga demasiado para contar algo que no deja de ser una anécdota poco terrorífica. Primero cuenta una breve historia sobre una expedición que escaló, en ese entonces, por primera vez una alta y escarpada montaña, que luego cae en la desgracia y termina con los sobrevivientes creyendo ver un homenaje espiritual a los caídos. Por lo breve y lo conciso de su narración, esta historia de montaña me gustó y me interesó. Luego viene una historia de mar, una historia de pesca, que en esencia trata sobre un hombre y su barquero que pescan algo que no deberían haber pescado y cuyas consecuencias podría perseguirlos terriblemente. ¿El problema? Este segmento consiste en una larga e innecesariamente detallada explicación de técnicas de pesca, lugares idóneos para pescar, métodos y soluciones a las que recurrir cuando tal o cual cosa sucede, todo lo cual, demonios, no viene a caso por más que el narrador diga que es su deber precisar todo ello dado que es una historia de mar y pesca. Qué gracia tiene describir anzuelos, cañas, botes, con sus características ergonómicas e históricas, por favor. Al menos cuando los viejos están pescando y ocurre lo "sobrenatural" la lectura se hace más amena porque los viejitos son simpáticos y para variar te están contando algo concreto, pero no veo justificación para solazarse tanto en detalles intrascendentes. Es como si alguien contara una historia terrorífica en un tren y se la pasara el 80% del cuento explicándote el mecanismo de los trenes, el motor, las ruedas, los rieles, quién inventó qué máquina, por qué es mejor a vapor que a carbón o petróleo o electricidad. No viene al caso.

-El muchacho de los naufragios, por Kuysaku Yumeno. Del año 1934. Acá tenemos otra historia que ocurre en el mar, en un inmenso buque mercante, con sus estrafalarios personajes todos presas de un miedo supersticioso e irracional: un bello y femenino muchacho que, se dice, lleva los naufragios a todo barco en el que se sube. ¿Será real? Este cuento es más bien una aventura (o desventura) marítima que basa sus peripecias en el terror como locura humana y como elemento efectivamente sobrenatural, sin explicación, que te deja con la duda de si todo fue superstición o fue real. Como sea, lo más peligroso de cuento es, desde luego, el mar y su carácter tempestuoso. Qué mayor terror que el mar, en medio de la nada. El hombre contra la brutal naturaleza. Muy buen cuento y muy buena manera de concluir este viaje. Había que hablar de cada cuento, no podía ser de otra manera.


Ese 05 FEB 2024 timbrado parece uno de esos imbéciles que conducen camionetas gigantes que luego estacionan ocupando dos espacios porque sí, porque pueden, porque sus ruedas de tamaños extremos y dimensiones hercúleas vienen a compensar quién sabe qué. Como sea, Kaiki parece estar en circulación desde este avanzado 2024, siendo pedido en cinco ocasiones. Hay ocho ejemplares más dando vueltas, lo cual me parece llamativo. Esperemos que mucha gente se esté aterrando con estos cuentos venidos no sólo de tierras lejanas sino que también de tiempos antiguos. Los terrores no han cambiado mucho, ¿no? Son universales e intemporales.