"LAS GRANDES PASIONES SON ENFERMEDADES INCURABLES"
-Goethe

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lunes, 30 de junio de 2025

Música de cañerías, de Charles Bukowski

Bibliometro #124. De momento se nos acaba el frenesí bukowskista con Música de cañerías, un libro de cuentos, pero estoy decidido a traerme más libros en mis próximas incursiones por las bibliotecas públicas de este autor que como una tromba apareció entre mis lecturas, en mi navegación por el mar de la literatura. No es mal balance de momento, ¿no?, dos novelas y un conjunto de cuentos... Vamos bien, sí, más que bien...

Son 36 cuentos los que tenemos en este libro de unas 240 páginas. En esta ocasión prefiero no comentarlos uno por uno, como solemos hacer con los libros de cuentos, en parte porque me da pereza, en parte, y esta sería la razón principal, porque todos los cuentos conforman un todo inseparable, no de un modo argumental, claro, sino más bien, no lo sé, espiritual, pero es mejor decir atmosférico, pictórico: la elaboración de un gran cuadro sobre la decadencia estadounidense y el desesperado hastío de sus habitantes, de algunos habitantes al menos, ya sabemos: los desheredados, los olvidados. Ya sean cuentos protagonizados por el inefable e incomparable Henry Chinaski, ya sean cuentos protagonizados por una fauna anónima de borrachos, desempleados, ociosos, apostadores, prostitutas, vagabundos, mujeres solas (aunque entre algunos de los anteriores arquetipos hay trasuntos del mismo Chinaski, claro), ya sean cuentos más tirados hacia las hilarantes y delirantes anécdotas, ya sean cuentos literariamente más complejos, más depurados, más ambiciosos, más melancólicos incluso, todos pertenecen el uno al otro, como una gran hermandad sobre la belleza del fracaso o del fracaso de la belleza, el declive de los ideales o el ideal del declive, sobre la paz de la resignación o la resignación de la paz, todos son cuentos que se reflejan, que se potencian mutuamente, que se dan calor rabiosa, salvajemente, que se hieren inevitablemente para sentir las palpitaciones de vida en la sangre derramada, porque la vida es lo que se va, lo que se pierde, lo que se aleja, y no lo que habita, de tu cuerpo de tu estómago apaleado. Así, se me hace innecesario, insultante incluso, hablar de mis cuentos preferidos, pues estaría separándolos, desmembrándolos, de los "no-favoritos", y no puedo hacer eso, no sería capaz de cometer un acto tan cruel como despellejar la piel o rasgar la carne de un cuerpo vivo y anhelante. Sí les puedo decir que, sin importar el toque onírico y poético de algunos cuentos en contraposición a la crudeza frontal de otros, sin importar la grosera sonrisa perversa de algunos en contraposición a la sonrisa amarga y compasiva de otros, sin importar la brevedad y fugacidad dramática de algunos en contraposición a la profundidad humana de otros, Bukowski sigue siendo el mismo lobo solitario arisco y mal agestado de siempre, auténtico y leal a sí mismo, a su visión de su propia literatura sucia y lírica, insobornable y suicida, que no escribe trágicamente, no escribe malditamente: es un escritor que expone y desnuda las circunstancias injustas y monstruosas sin pelos en la lengua, pero también es un escritor que vive en la urgencia del estómago, del aquí y ahora, en donde todo problema requiere una solución inmediata, ya sea la bebida, un polvo mediocre, una conversación obligada, la vida es injusta pero es una vida de impulsos que te pueden salvar más, salvar menos, y ahí mismo, en ese instante de la decisión de colmar las ansias o las angustias, no hay razón o excusa a la que culpar, a la que endilgarle el peso de tus propios demonios o fantasmas personales: vivimos en un infierno inflamado de otros infiernos privados. Y claro, en el averno tampoco se pasa tan mal que digamos, o al menos no todo el tiempo. Bendito seas, maldito Bukowski.

Dos préstamos en dos meses, va viento en popa parece, esperemos que siga así...

sábado, 28 de junio de 2025

Factotum, de Charles Bukowski

 

Bibliometro #123. Uno dos tres tenemos un libro de Bukowski otra vez. Ayer mismo debutamos en su literatura con Cartero, le sigue Factotum, acá está Factotum, yo pienso, yo pregunto, ¿cómo es que esperamos tanto tiempo para leer a este viejo cabroncete? Un alma gemela, eso es lo que es, cuán bien me habría hecho leerlo en mis decepcionantes años veinte, Bukowski habría tenido la respuesta, Bukowski habría tenido la solución, Bukowski habría sabido qué hacer, maldita sea. Pero no es demasiado tarde, ¿no?

Factotum se sitúa en los años de juventud de Chinaski, en la década de los cuarenta, y, entre otras cosas, nos cuenta las peripecias de su protagonista para sobrevivir en la jungla estadounidense entre gran cantidad de malos empleos, memorables borracheras de las que no queda recuerdo a la siguiente mañana y tormentosas relaciones con mujeres bellas, esculturales, pero peligrosas como un huracán. Factotum es la gran novela desmitificadora de aquella imbecilidad del american dream y del american way of life. Como Corso diría (en un verso sacado de un poema bien largo, eso sí, un verso sacado medio cherry picking, lo admito), I am telling you the American Way is a hideous monster... Es la Estados Unidos que nos muestra Bukowski, la Estados Unidos en la que Chinaski sobrevive a duras penas, una boca de lobo, una verdadera jungla en donde impera la ley del más fuerte, en donde la solidaridad es una ilusión, en donde el bienestar es un sol que solamente le sonríe a sus criaturas más finas y elegantes, en donde su grandeza y su mística no son más que espectros ciegos aterrorizando a sus ciudadanos con ominosos gritos de ultratumba. No he vuelto a leerlo desde los años del colegio, pero no dejé de tener la sensación de que Factotum es como una pesadilla kafkiana pero salvajemente alcoholizada, con una prosa agresiva, descarnada y rasgada como una garganta castigada por el hambre y los alaridos de furia y desesperación, aunque no por ello menos diáfana, no por ello menos malditamente honesta, no por ello menos poética. Insisto, además, en lo señalado en Cartero: Bukowski expone la realidad desnuda y despojada con un estilo directo y brutal, frontal como un directo al mentón: no le hablen de malditismo, de tragedia, ni siquiera de victimismo. En cierto modo es como dicen en los A.A.: ¿por qué bebes? No hay razón, bebes porque eres un borracho. Chinaski bebe porque es un borracho que, eso sí, está disgustado, repugnado, asqueado de la realidad, del maldito país en el que vive. El mismo libro lo dice: el alma está en el estómago, el coraje está en el estómago. Sí: Estados Unidos es una maquina malvada y perversa diseñada para alimentarse de perdedores, de fracasados, de la más inmunda y marginada flora y fauna social: para que la trituradora de carne funcione y escupa sus dólares verdes como praderas vírgenes, en el otro extremo deben ir ingresando aquellos pobres diablos pisoteados. Sí, así es la cosa, pero es un dolor, una furia más bien animal, tangible, concreta, tan real como un puño apretado de rabia. No son dolores ni pesares abstractos y sus soluciones tampoco lo son: para Chinaski y la fauna que lo rodea en sus barrios bajos, la solución que mitiga el dolor de los huesos, de los músculos desgarrados y machacados, es una botella de alcohol barato, una tarde en bares apestados por el humo de cigarros, un polvo en una cama cochambrosa. Pequeños placeres que te mantienen con vida mientras el trabajo te asesina por partes. Chinaski es un anti-héroe sin suerte: no recibe herencias, nadie lo rescata, no despierta compasión en los demás, está solo como un perro, más solo que un perro asilvestrado: sólo se tiene a sí mismo, literalmente. Hace tiempo que no leía a un personaje tan desamparado, perdido en medio de la oscuridad total alumbrado, él solo y su estómago, únicamente por la luz mustia de la desesperanza, pero a la vez tan fuerte a su modo, digno a su modo, insobornable y valiente a su modo.

Con respecto a Cartero hay que decir que hay un notorio avance en su prosa, que alcanza cotas de calidad brillantes, geniales, magníficas. Cartero es una novela también genial, pero Factotum es aún más genial, un gran y gigantesco paso adelante. El final es de antología, un final tremendamente triste y amargo pero también hipnótico y alucinante, un perdido éxtasis de desesperación. El ritmo es apabullante, mazazo tras mazazo, amén de su prosa más cuidada y compleja, y con un tono, si bien todavía con esa base socarrona y cínica, con algo más de melancolía y desolación, como si fuera una negrísima e incorrecta comedia negra apocalíptica, la risa cruel y perpleja de quien nada puede hacer cuando ve que todo a su alrededor y en su interior se cae a pedazos, porque ya ven, los milagros no existen, los oasis son ilusiones y las treguas, treguas son. Obra maestra de la literatura, no le cabe otra definición a Factotum, damas y caballeros. Grandísima novela: inmensa como los sueños calcinados.

Hay varios ejemplares en la red bibliometrense y este en particular tiene tan sólo cinco préstamos, pero lleva tiempo en existencias, miren, agosto del 2017, casi ocho años después, cinco préstamos, el mío el primero de esta década, ¿se puede creer? Yo ya no creo en nada, es mejor no creer en nada.

viernes, 27 de junio de 2025

Cartero, de Charles Bukowski

Bibliometro #122. ¿Me van a creer que no había leído nada de Bukowski hasta este mismo momento que les escribo esta pregunta? Y no fue por falta de ganas, eso es seguro. Imposible no conocer a Bukowski, imposible no sentirse atraído por ese aura maldito y fatalista que lo rodeaba, o al menos esa impresión me daba a mí, un profano en su obra y en su persona, lo único que sabía es que era un borracho inveterado, una especie de vagabundo o errabundo que coleccionaba malos empleos y también un escritor agresivo de esos que pueden desagradar a muchos. Ya es momento de ir remediando mi ignorancia, no prometo si en orden ni a qué ritmo, todo depende de las disponibilidades de las bibliotecas públicas, pero al menos se dio la posibilidad de comenzar a adentrarnos en su obra con Cartero, su primera novela (aunque veo que había publicado un par de volúmenes de cuentos antes). Por el principio, ya vamos bien.


Me re-contra encantó Cartero, me pareció un pedazo de novela, una literatura lírica y rabiosa, escrita abriéndose las tripas en canal, vertiéndolo todo, impúdicamente, groseramente, suicidamente, la novela como grito vital, como testimonio denuncia, como testamento: escribir con sangre sobre el dolor, sobre la rabia y, desde luego, sobre el placer.
Cartero nos cuenta los años que Henry Chinaski, alter ego del propio Bukowski, se lo pasa trabajando en el Correo de Estados Unidos, desde que no era más que un repartidor auxiliar sobreexplotado hasta bien pasada una década, ya reconvertido en una especie de oficinista-clasificador de cartas o paquetes, aún más sobreexplotado, y todo lo que pasa entre medio, período de cesantía incluido. Primero que todo vale la pena señalar y constatar que Bukowski, que escribe con pleno y cabal conocimiento de causa, no recurre a idealizar ni a romantizar ni a trivializar o banalizar ni a "tragicalizar" (perdonen, je, je) ninguno de los tormentosos, sórdidos, patéticos, alegres, acontecimientos que se suceden uno tras otro así como tampoco los sentimientos o las emociones suscitados de los mismos. Bukowski describe, expone, transmite y expresa, con todos sus tonos y atmósferas (la comedia negrísima e incorrectísima, una especie de mordaz crónica existencial, la aventura sucia y realista, el drama satírico), la realidad desnuda, descarnada: la de un puñado de seres oscuros y marginados, luminosos a su modo, luz viciada, luz opaca, la luz que va quedando luego de tantos filtros de "limpieza" o higiene social: una fauna de seres viciosos, tristes, acongojados, mal pagados, explotados, atrapados en empleos de baja cualificación, pobremente amados, apaleados, humillados, al borde del colapso mental, del abismo financiero, del pozo social, pero sobreviviendo, tirando para adelante, qué maldición acá, qué destino trágico, es la vida solamente la hija de puta, una vida repleta de cabrones hijos de puta, aprende a nadar entre ellos, a mantenerte a flote. Me ha gustado eso, esa prosa socarrona y cínica que es básicamente estar cabreado contigo mismo, con los demás y con el mundo, todo a la vez, porque así es la vida: resignación y resistencia, y en vez de lamentarse, mejor reírse porque así te vuelves loco menos rápido.
Y, claro, es también un desesperado, estupefacto, anonadado, retrato sobre un sistema podrido, corrupto, inhumano, dibujado con trazos gruesos pero aún así detallados y precisos en toda su amplia red de cloacas enmohecidas y cañerías oxidadas a lo largo de cuyo circuito te encontrarás con cadáveres vivientes, gente más muerta que viva, abandonada a su suerte por otros hombres de carne y hueso igual que tú, pero mejor posicionados, felices de aporrear y dar de latigazos a esos pobres perdedores, masticados y escupidos, que vienen del mismo lugar, del fondo del mazo de naipes. Es increíble, de verdad no puedes creer que tan pronto como te estás cagando de la risa con hilarantes anécdotas de su época de repartidor, de repente junto a Chinaski estamos viendo personajes literalmente morir en el trabajo mientras a nadie más le importa, todo perfectamente normal, Chinaski el único loco que se preocupa del bienestar de un colega (o de un amigo de las calles, de los barrios, que allá afuera igual se mueren sin que nadie se entere), y yo pensaba, ¿no es de locos no enloquecer mientras la trituradora de carne se regodea a gusto con tus huesos? ¡Lo más lúcido es enloquecer y gritar, preguntarle al aire, al viento, a quien-sea-que-camine-por-ahí, cómo es posible que todo siga igual y nadie diga nada! De verdad, es de locos, y el tramo final es demoledor en este sentido, porque para la fauna que apenas puede sobrevivir en los estratos más bajos de la sociedad, de la empleabilidad, qué les queda, no les queda nada, usan su tiempo, sus energías, su vitalidad, usan todo lo que tienen y luego adiós, aguanta o desespera, aguanta o tírate de una azotea, aguanta o déjate consumir por la oscuridad, el único descanso, cuando ya no quedan ni risas ni alegrías ni sueños o mínimas esperanzas. 
No, viejo, tremenda novela, es todo un puñetazo en el estómago, un uppercut directo a la mandíbula, K.O. sin necesidad de contar hasta diez, novela rabiosa, suicida, un grito furioso contra los hipócritas, los traidores, los cerdos explotadores, en fin, demonios, vaya montaña rusa, vaya genialidad. Señor Bukowski, con usted me lanzo en la espiral descendente de su literatura, recorramos los pantanos, que ahí también hay flores y ese es el aroma que quiero conocer: la mezcla de lo bello y lo feo.

Tenemos solamente dos préstamos de este ejemplar, ambos del último par de meses, que está bastante bien cuidado, quizás hasta sea más o menos nuevecito, de paquete. Va bien, dos préstamos en tres meses. De seguro los otros ejemplares bibliometrenses también suman varias lecturas.